Llaryora versión exportación: liberal en Nueva York, peronista en casa

CÓRDOBA Jorge Levin

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JORGE LEVIN
Por Jorge Levin

En política, a veces lo que se dice importa tanto como lo que se calla. Y el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, volvió a demostrar en Nueva York que entiende perfectamente ese juego de equilibrios.

En medio de la llamada Argentina Week, un evento pensado para seducir a inversores internacionales, Llaryora se mostró alineado con el gobierno nacional en lo esencial: la necesidad de estabilidad macroeconómica, reglas claras y una señal política que disipe el viejo temor de los mercados a la famosa “Argentina pendular”. Pero, al mismo tiempo, dejó planteada una crítica clásica del interior productivo: las retenciones.

Desde la esquina de la calle 68 y la Quinta Avenida, en Manhattan, donde funciona la sede del Council of the Americas, el mandatario cordobés fue claro al valorar la foto política que el Gobierno busca mostrar ante los mercados.

“Hacía muchos años que esto no sucedía. Que gobernadores de distintos partidos políticos estén acá apoyando a Argentina, respaldando la estabilidad. Necesitamos una macro ordenada y potenciar las inversiones”, sostuvo Llaryora en diálogo con La Voz.

La escena no era menor. En uno de los barrios más elegantes de Nueva York, once gobernadores compartieron un almuerzo con más de 80 empresarios e inversores, en un encuentro que contó con la presencia del ministro de Economía Luis Caputo, el presidente del Banco Central Santiago Bausili, el embajador argentino en Estados Unidos Alex Oxenford y el diplomático norteamericano Peter Lamelas.

El mensaje que buscaba transmitir la delegación era evidente: Argentina intenta dejar atrás su histórica inestabilidad política y ofrecer continuidad institucional para atraer capitales. Y en ese esquema, la presencia de gobernadores de distintos signos políticos era parte central del argumento.

Caputo, de hecho, no ocultó su satisfacción por la señal política. “Fue muy claro el Gobernador y estuvo muy bien; todos estuvieron bárbaro vendiendo su provincia. Para mí es muy importante como ministro sentir el apoyo de todos ellos”, afirmó al finalizar el encuentro.

El reclamo inevitable

Pero si el apoyo a la estabilidad macro fue el discurso hacia afuera, la política interna apareció inevitablemente cuando surgió el tema impositivo.

Llaryora volvió a poner sobre la mesa el viejo reclamo del interior productivo: la carga de las retenciones.

“Creo que necesitamos una conversación clara en tributos”, planteó el gobernador, al tiempo que propuso una reforma fiscal que incluya un rediseño del reparto impositivo entre Nación, provincias y municipios.

Incluso deslizó una idea fuerte: que la Nación transfiera el IVA completo a las provincias, lo que permitiría eliminar tributos distorsivos como Ingresos Brutos y tasas municipales.

Detrás de esa postura aparece una realidad evidente. Córdoba, una de las provincias más agroindustriales del país, es particularmente sensible al impacto de las retenciones, un impuesto que históricamente generó tensiones entre el interior productivo y la Casa Rosada.

El juego político de Llaryora

Pero más allá del reclamo puntual, lo que quedó claro en Nueva York fue otra cosa: Llaryora juega el juego político que mejor domina.

Ante los empresarios se muestra pragmático, moderno, casi como un liberal más. Habla de estabilidad macroeconómica, de reglas previsibles, de inversiones productivas y de continuidad institucional. En ese escenario, su discurso no difiere demasiado del que promueve el presidente Javier Milei.

Sin embargo, cuando vuelve al plano doméstico, el tono cambia. Allí aparecen los matices, las críticas y la necesidad de marcar distancia.

No es casualidad. En la Argentina, las coincidencias económicas no siempre son rentables en términos electorales.

La paradoja es evidente: el pensamiento económico de Llaryora hoy se parece mucho —casi demasiado— al de Milei, pero admitirlo abiertamente podría tener costos políticos dentro del peronismo y en la construcción de su propio proyecto nacional.

Por eso el gobernador cordobés elige moverse en una zona gris. Apoya la estabilidad, respalda la búsqueda de inversiones y acompaña las señales hacia los mercados. Pero al mismo tiempo mantiene encendida la bandera del reclamo fiscal del interior productivo.

Una manera elegante de estar cerca… sin parecerlo demasiado.

En definitiva, en Nueva York Llaryora mostró algo que los inversores valoran: previsibilidad. Pero también dejó en claro algo que la política argentina conoce bien: el equilibrio entre convicción económica y conveniencia electoral sigue siendo el verdadero arte del poder.

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