
Argentina superó los USD 100.000 millones de déficit comercial con China desde 2008
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Argentina acumula más de USD 100.000 millones de déficit con China desde 2008.
- El rojo comercial comenzó en el primer mandato de Cristina Kirchner y se amplió con los años.
- China es el principal proveedor de la Argentina, pero no su mayor comprador.
- Brasil, Chile y Perú lograron superávits con el gigante asiático en el mismo período.
- Organismos internacionales cuestionan la política de subsidios y el tipo de cambio chino.
- Sectores como automotores, neumáticos y soja reflejan la asimetría del intercambio.
Los últimos datos de comercio exterior difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos confirman una tendencia que se consolidó durante casi dos décadas: desde enero de 2008, la Argentina acumula un déficit bilateral con China que supera los USD 100.000 millones. El rojo comercial comenzó a ampliarse en el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner y se mantuvo, con variaciones, a lo largo de las gestiones posteriores, incluida la actual administración de Javier Milei.
Hasta 2007 el intercambio con el gigante asiático mostraba saldos levemente favorables para el país. Sin embargo, a partir de 2008 la balanza se tornó negativa y el déficit se expandió durante 217 meses casi sin interrupciones. Si bien en enero de este año la Argentina registró un superávit comercial global cercano a los USD 2.000 millones, el intercambio específico con China volvió a arrojar un resultado adverso superior a los USD 1.000 millones, consolidando el acumulado histórico.
La magnitud del desbalance contrasta con la experiencia de otros países sudamericanos. Según estadísticas internacionales, mientras Argentina acumuló un rojo cercano a los USD 100.000 millones entre 2008 y 2025, Brasil, Chile y Perú registraron importantes superávits con la potencia asiática. La diferencia revela estructuras exportadoras divergentes y distintos grados de inserción en las cadenas globales de valor.
En el esquema actual, China se consolidó como el principal proveedor de bienes para la Argentina. Más del 28% de las importaciones provienen de ese origen, mientras que su participación como destino de exportaciones argentinas se ubica muy por debajo de la de otros socios, como Estados Unidos, Brasil o India. El resultado es un patrón comercial caracterizado por fuertes déficits con los tres principales socios y un amplio superávit con el resto del mundo.
Especialistas en comercio internacional señalan que los desequilibrios bilaterales no necesariamente constituyen un problema en sí mismos, dado que el intercambio responde a ventajas comparativas y estructuras productivas distintas. Sin embargo, la política industrial y cambiaria de China introduce un factor adicional. Organismos como el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos han analizado en los últimos años el alcance de los subsidios estatales, los créditos concesionales y otros instrumentos que fortalecen la competitividad de las empresas chinas.
Un estudio reciente del FMI estimó que los apoyos estatales equivalen a varios puntos del producto interno chino, lo que se traduce en una capacidad exportadora de enorme escala. A ello se suma la evaluación de que el yuan se encuentra subvaluado, lo que añade competitividad precio a los bienes exportados. Para la OCDE, el financiamiento estatal en sectores como el acero o los vehículos eléctricos tiene dimensiones comparables a movilizaciones en tiempos de guerra y altera de manera estructural los mercados globales.
En la Argentina, los efectos son visibles en rubros como automotores y neumáticos. En enero, las importaciones de vehículos provenientes de China crecieron de manera exponencial, mientras las compras desde Brasil retrocedieron con fuerza. La llegada masiva de unidades de fabricantes como BYD a puertos argentinos ilustra una dinámica que reconfigura el comercio automotor regional. En paralelo, la caída de aranceles y la apreciación cambiaria presionaron sobre la producción local de neumáticos, en un contexto de mayor penetración de marcas chinas y reducción de precios internos.
Otro punto sensible es la relación agroindustrial. China prioriza la compra de poroto de soja antes que aceite o harina, favoreciendo el agregado de valor en su propio territorio. Empresas como COFCO consolidaron su presencia en la Argentina tras adquisiciones estratégicas en la última década. Al mismo tiempo, Beijing ha demostrado capacidad para restringir importaciones ante conflictos comerciales, como ocurrió con la carne vacuna.
El saldo de más de USD 100.000 millones en déficit bilateral sintetiza una relación asimétrica que combina apertura local con una política industrial activa del socio asiático. El desafío para la Argentina pasa por redefinir su inserción internacional en un escenario donde la competencia global, las tensiones geopolíticas y la estrategia exportadora china condicionan el margen de maniobra.





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