Inflación en mínimos y tensiones hacia adelante: el delicado equilibrio del plan económico

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • La inflación de 2025 cerraría cerca del 31%, el nivel más bajo desde 2017.
  • La baja se explicó por escasez de pesos, salarios contenidos y un dólar apreciado.
  • Los servicios lideraron las subas de precios, por encima de los bienes.
  • En 2026 cambiará la metodología del IPC, con mayor peso de vivienda y transporte.
  • El Gobierno prioriza la desinflación aun a costa del salario real y las reservas.
  • La compra de divisas y el régimen cambiario serán el principal foco de riesgo.

La inflación de 2025 se encamina a cerrar como la más baja desde 2017, un dato que el Gobierno exhibe como uno de los principales logros de su gestión económica. Con un aumento de precios acumulado del 27,9% entre enero y noviembre y proyecciones para diciembre en torno al 2,3% o 2,5%, el índice anual rondaría el 31%, incluso por debajo del piso registrado en 2020, en pleno año de pandemia. El resultado se explica por una combinación de factores que incluyen una fuerte escasez de pesos en la economía, salarios contenidos y un tipo de cambio apreciado durante buena parte del año.

Al igual que en 2024, la dinámica inflacionaria estuvo marcada por una creciente divergencia entre bienes y servicios. Mientras los precios de los bienes mostraron subas moderadas, en parte influenciadas por la apertura comercial y la competencia externa, los servicios encabezaron los aumentos. Esto se reflejó con claridad en divisiones clave del índice, como Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, donde impactaron los ajustes tarifarios y la actualización de alquileres. En el extremo opuesto, rubros como vestimenta y equipamiento del hogar mostraron variaciones más acotadas, al tiempo que los alimentos —el componente de mayor peso en el IPC— evolucionaron casi en línea con el promedio general.

Este comportamiento adquiere especial relevancia de cara a 2026, cuando entrará en vigencia un cambio metodológico en la medición de la inflación. El INDEC dejará atrás la estructura basada en la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2004/2005 para adoptar la de 2017/2018, con el objetivo de reflejar patrones de consumo más actuales. El nuevo esquema otorgará mayor ponderación a divisiones como vivienda, transporte y comunicaciones, y reducirá el peso relativo de alimentos y bebidas, tabaco y equipamiento del hogar.

El efecto de esta modificación no sería neutro. Si los servicios continúan aumentando por encima de los bienes, el nuevo índice tendería a mostrar registros mensuales algo más elevados que los observados en 2025. Desde el Gobierno relativizan el impacto y sostienen que será marginal, mientras que analistas privados coinciden en que podría empujar levemente la serie al alza, sobre todo en un contexto de recomposición tarifaria y reducción de subsidios a la energía y el transporte.

Más allá de la discusión técnica, el trasfondo es político y económico. La desinflación se consolidó como el objetivo prioritario del programa oficial, incluso por encima de otras metas tradicionales como la recuperación del salario real o la acumulación de reservas. El Ejecutivo atribuye el descenso de la inflación al fin de la emisión monetaria, pero también apeló a instrumentos menos ortodoxos, como la intervención cambiaria y el uso del tipo de cambio como ancla nominal.

Entre fines de 2024 y comienzos de 2025, el tipo de cambio real se ubicó en niveles mínimos de casi una década. Aunque luego corrigió parcialmente, persistieron señales de intervención oficial para evitar saltos bruscos. A esto se sumó una política salarial restrictiva, con paritarias convalidadas a la baja. El resultado fue una pérdida del poder adquisitivo, tanto en el sector privado como, con mayor intensidad, en el empleo público.

Hacia adelante, el frente cambiario aparece como una de las principales fuentes de tensión. El Banco Central modificó el esquema de bandas, que pasarán a ajustarse según la inflación, y se fijó como objetivo comprar al menos 10.000 millones de dólares en reservas durante 2026. En el mercado advierten que ese proceso podría presionar el techo de la banda cambiaria si la oferta de divisas no acompaña, obligando al Gobierno a elegir entre sostener la desinflación o priorizar la acumulación de reservas. Esa disyuntiva marcará, en buena medida, el rumbo económico del próximo año.

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