El consumo masivo se enfría y las empresas profundizan los descuentos para sostener las ventas

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • Las grandes empresas comenzaron a ofrecer descuentos de hasta 15% para asegurar volumen y anticipar ventas.
  • El 41% de los tickets de supermercados y autoservicios contiene entre uno y cinco productos.
  • Las compras superiores a 15 artículos representan apenas el 7,6% de las operaciones.
  • Las ventas de supermercados y autoservicios continúan por debajo de los niveles registrados un año atrás.
  • El Gobierno busca estimular salarios, crédito y tasas de interés para reactivar sectores rezagados de la economía real.
  • La desaceleración de la inflación convive con un consumo débil, marcado por compras más pequeñas y una mayor búsqueda de promociones.

El mercado argentino de consumo masivo atraviesa una etapa de fuerte cautela, marcada por consumidores que reducen las cantidades compradas y empresas que recurren a promociones cada vez más agresivas para sostener el volumen de ventas. La escena combina una inflación que muestra señales de desaceleración con una demanda interna que todavía no consigue recuperar el dinamismo esperado.

Una de las principales señales de este escenario aparece en las estrategias comerciales que comenzaron a adoptar grandes compañías de alimentos y productos de limpieza. Una multinacional del sector lanzó una promoción dirigida a supermercados y mayoristas que contempla descuentos adicionales de hasta 8% sobre sus listas de precios, aunque condicionados a la compra de varios pallets en una misma operación.

El objetivo de la medida no pasa principalmente por mejorar el margen de los compradores, sino por asegurar mayores volúmenes de comercialización en un contexto de demanda debilitada. La compañía busca así incentivar operaciones de mayor tamaño y garantizar una salida más rápida de sus productos.

Otra importante empresa alimenticia decidió profundizar todavía más esa estrategia. Para los productos asociados a la temporada de verano, ofrece descuentos de hasta 15% a quienes anticipen sus pedidos, aunque la entrega se concrete durante los próximos meses. A eso se suma la posibilidad de diferir los pagos hasta diciembre y conservar igualmente el beneficio.

La estrategia implica resignar rentabilidad en el corto plazo a cambio de garantizar facturación futura y ganar participación frente a competidores. En ambos casos, las decisiones empresariales reflejan una misma lectura del mercado: la prioridad dejó de ser exclusivamente defender precios y márgenes y pasó a ser sostener el volumen.

Uno de los indicadores que mejor permite observar este comportamiento es el denominado “ticket hormiga”. Los registros de compras en supermercados y autoservicios muestran una modificación significativa en los hábitos de los consumidores. El 41% de las operaciones contiene apenas entre uno y cinco productos, una proporción que aumentó 4,4 puntos porcentuales en comparación con un año atrás.

La tendencia implica que los consumidores visitan los comercios con mayor frecuencia relativa, pero compran menos unidades en cada operación. Los changuitos completos pierden protagonismo frente a compras destinadas a cubrir necesidades inmediatas.

A su vez, el 37,9% de los tickets corresponde a operaciones de entre cinco y diez artículos, mientras que las compras de más de 15 productos representan solamente el 7,6%. El fenómeno se traduce en una transformación del consumo: más visitas, menos productos por compra y una mayor atención sobre cada gasto.

La evolución de las ventas confirma ese enfriamiento. En julio, las ventas de supermercados registraron una caída interanual del 2,6%, mientras que los autoservicios chinos retrocedieron 1,2%. Los mayoristas también continúan enfrentando dificultades para recuperar el nivel de actividad.

El escenario comenzó a generar preocupación dentro del Gobierno. El Ministerio de Economía, conducido por Luis Caputo, impulsó en las últimas semanas distintas medidas destinadas a favorecer la recuperación de los ingresos y de la actividad. Entre ellas aparecen cambios orientados a facilitar acuerdos salariales, el relanzamiento de líneas de crédito hipotecario financiadas con recursos públicos y señales destinadas a promover una reducción de las tasas de interés.

El objetivo es estimular sectores que todavía muestran dificultades, entre ellos el comercio, la industria y la construcción. La recuperación de la economía real aparece así como uno de los desafíos centrales de cara a los próximos meses.

La paradoja es que la desaceleración de la inflación convive con un consumo todavía débil. Las estimaciones privadas ubican la inflación de agosto alrededor del 1,5% o 1,6%, un registro que sería uno de los más bajos del año. Sin embargo, la menor suba de los precios no necesariamente representa una recuperación de la actividad.

Parte de esa desaceleración responde precisamente al comportamiento de los consumidores. La postergación de compras, la reducción de cantidades y la búsqueda permanente de promociones obligan a las empresas a competir con descuentos cada vez mayores.

El “ticket hormiga” se convirtió así en una señal concreta de una economía en transición: los precios muestran mayor estabilidad, pero los consumidores todavía no recuperaron la capacidad o la confianza necesarias para volver a llenar los changuitos.

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