
Llaryora abre el paraguas: promesas que empiezan a desinflarse y un discurso para no enfrentarse con nadie
POLÍTICA Por Carlos Zimerman

Por Carlos Zimerman
El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, comenzó a preparar el terreno ante un escenario económico que complica las cuentas provinciales. Después de meses de anuncios de obras presentadas con gran despliegue político, el mandatario empezó a admitir que varias de esas iniciativas podrían quedar en pausa o directamente no realizarse.
La razón, según reconoció el propio gobernador, es la persistente caída de la recaudación, especialmente en los recursos que llegan por coparticipación nacional. Esa merma, que ya acumula ocho meses consecutivos, obliga —según explicó— a revisar prioridades y a concentrar el gasto en áreas sensibles como la salud y la asistencia social.
Las declaraciones se conocieron tras su gira por Estados Unidos y en una entrevista concedida al diario La Voz, donde el mandatario cordobés admitió que la provincia deberá reducir erogaciones en obra pública para sostener el funcionamiento del Estado y garantizar políticas sociales en medio de una economía debilitada.
En otras palabras: varias de las obras que hace poco eran presentadas como emblemas de gestión ahora empiezan a quedar bajo revisión.
El propio Llaryora lo reconoció sin rodeos al señalar que hay proyectos de infraestructura que tenía en mente y que ya no podrá realizar, al menos en el corto plazo.
El deterioro fiscal no llega solo. Según explicó, la crisis económica también está presionando sobre los servicios públicos. La demanda en el sistema de salud provincial creció cerca de un 49%, una cifra que refleja cómo cada vez más personas recurren al sector público ante la pérdida de ingresos o empleo.
En ese contexto, el gobernador también se refirió al rumbo económico del gobierno nacional encabezado por Javier Milei.
Su postura buscó moverse en un delicado equilibrio político. Por un lado, reconoció que comparte algunos lineamientos macroeconómicos, particularmente la necesidad de estabilizar la economía y bajar la inflación.
Pero lejos de un elogio al presidente, también marcó diferencias claras en el terreno productivo.
“Yo no voy a criticar a los industriales, siempre voy a estar del lado de la producción”, afirmó, dejando implícita una distancia respecto de sectores del oficialismo nacional que han sido duros con la industria.
Para Llaryora, la Argentina tiene un activo estratégico en su entramado industrial que no debería ponerse en riesgo con una apertura económica mal calibrada. En ese punto, el mandatario cordobés expresó preocupación por la situación de la cadena de maquinaria agrícola y por la caída de la actividad en el sector industrial.
Ese desplome productivo, advirtió, termina golpeando tanto el empleo como los ingresos fiscales de las provincias.
El gobernador también confirmó que la recaudación volvería a caer en marzo, en torno al 10%, lo que refuerza la necesidad de ajustar el gasto. Incluso reconoció que la decisión de bajar impuestos con la expectativa de que el crecimiento económico compensara la pérdida de ingresos no está funcionando como se esperaba.
En paralelo, Llaryora destacó la obtención de un crédito de 250 millones de dólares de la Corporación Financiera Internacional (IFC), organismo del Grupo Banco Mundial, destinado a terminar la circunvalación de Río Cuarto.
Ese financiamiento permitirá liberar recursos provinciales que ya estaban presupuestados para esa obra, aunque el alivio no cambia el cuadro general de restricciones.
También volvió a referirse al conflicto por la Caja de Jubilaciones provincial. Actualmente la provincia recibe unos 10.000 millones de pesos mensuales desde la Anses para cubrir parte del déficit previsional, una cifra muy inferior a los casi 40.000 millones que demanda el sistema.
Mientras espera una resolución judicial sobre ese reclamo, el gobernador admitió que el acuerdo actual es mejor que nada, pero está lejos de lo que Córdoba considera justo.
Así, el balance que dejó su discurso tras la gira internacional parece moverse entre la advertencia económica y la prudencia política.
Llaryora reconoce el ordenamiento macroeconómico como un objetivo necesario, pero al mismo tiempo advierte sobre la falta de recuperación del consumo, la producción y el empleo. Y mientras intenta marcar matices frente al gobierno nacional, también comienza a preparar a los cordobeses para una realidad incómoda: algunas de las grandes obras anunciadas por su gestión podrían quedar en el camino.
Un discurso que intenta no romper con nadie.
Pero que, justamente por eso, empieza a sonar cada vez más ambiguo.





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