El carry trade pierde fuerza como estrategia dominante y se vuelve una apuesta más selectiva

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El carry trade perdió su carácter estructural y se volvió más táctico.
  • La normalización de tasas redujo el diferencial frente a la inflación.
  • El reciente rebote del dólar achicó los márgenes de ganancia en pesos.
  • El éxito de la estrategia depende más del timing y del control del riesgo cambiario.
  • El Banco Central y la estabilidad inflacionaria serán claves en el corto plazo.
  • Persisten oportunidades selectivas, pero con mayor volatilidad y menor previsibilidad.

La dinámica financiera en pesos atraviesa un punto de inflexión. El carry trade —la estrategia que consiste en invertir en instrumentos en moneda local para capturar tasas atractivas y luego dolarizar la posición— comenzó a mostrar señales de desgaste tras un cambio en la última licitación del Tesoro que modificó el equilibrio de liquidez en el mercado. La consecuencia fue una normalización de las tasas y un repunte del tipo de cambio oficial, un movimiento que obligó a recalibrar expectativas.

Durante buena parte del último año, la combinación de tasas reales positivas y un dólar relativamente estable convirtió al carry en una herramienta casi automática para quienes buscaban rendimientos en moneda dura. Sin embargo, el escenario actual es más complejo. La compresión de la curva de rendimientos llevó a que los activos en pesos operen con retornos por debajo del 2,6% efectivo mensual, niveles que apenas empatan o superan levemente la inflación vigente. En ese marco, el margen de ganancia en dólares se volvió más estrecho.

El rebote reciente del tipo de cambio, que en el mercado spot superó los $1.420, impactó directamente en el resultado de las posiciones en pesos. En términos prácticos, un movimiento de esa magnitud puede neutralizar en cuestión de semanas la renta obtenida por tasa fija. Así, la ecuación ya no depende exclusivamente del diferencial entre tasas en pesos e inflación, sino también de la capacidad de anticipar los movimientos cambiarios.

Especialistas del mercado coinciden en que la estrategia no desapareció, pero perdió su carácter estructural. Hoy el resultado está más condicionado por el “timing” de entrada y salida y por la gestión del riesgo cambiario. Para perfiles dinámicos, con horizonte de mediano plazo y tolerancia a la volatilidad, todavía puede representar una oportunidad. En cambio, para inversores conservadores, la previsibilidad que caracterizaba al carry meses atrás se diluyó, lo que exige mayor prudencia.

El análisis también se centra en dos variables decisivas: que la tasa real continúe siendo claramente positiva y que el tipo de cambio no registre correcciones superiores a ese rendimiento. Con tasas que tienden a normalizarse y un dólar que dejó de mostrar una tendencia descendente sostenida, el diferencial esperado se achica. El negocio dejó de ser lineal, como cuando la tasa en pesos era elevada y el tipo de cambio permanecía prácticamente inmóvil.

En el corto plazo, el comportamiento del Banco Central será determinante. Si la autoridad monetaria mantiene un sesgo contractivo y logra contener eventuales saltos cambiarios, todavía podrían persistir incentivos tácticos para posicionarse en pesos. No obstante, el mercado luce más sensible que meses atrás. Cualquier cambio en las expectativas de inflación o en la política cambiaria puede acelerar el desarme de posiciones.

Al ampliar el horizonte hacia 2026, algunos analistas consideran que el carry seguirá vigente, aunque bajo otra lógica: más selectivo, de menor duración y con foco en oportunidades puntuales. Para que vuelva a consolidarse como estrategia dominante, debería converger un escenario de inflación en descenso sostenido y estabilidad cambiaria, dos condiciones que permiten que el rendimiento en pesos se traduzca en una ganancia significativa medida en dólares.

Otros expertos, sin embargo, sostienen que mientras existan tasas reales positivas en torno al 16% anual, el atractivo no desaparece. A ello se suma la expectativa de un fuerte ingreso de divisas por la próxima cosecha agrícola, con mejores volúmenes y precios que en campañas anteriores, lo que podría reforzar la oferta de dólares y contribuir a la estabilidad del mercado cambiario.

En síntesis, el carry trade dejó de ser la estrategia dominante que marcaba el pulso de las carteras. Se transformó en una apuesta más fina, que requiere lectura precisa del contexto y mayor tolerancia al riesgo. El mercado, ahora, exige algo más que tasa: demanda timing, prudencia y capacidad de adaptación ante un escenario que ya no ofrece márgenes automáticos.

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