
La reforma laboral destapó la interna: Llaryora y Schiaretti, en veredas opuestas
POLÍTICA Por Jorge Levin

Por Jorge Levin
El voto por la reforma laboral no solo agitó el tablero nacional: abrió una grieta interna en el corazón del poder cordobés. La relación entre el gobernador Martín Llaryora y su antecesor, Juan Schiaretti, quedó atravesada por reproches, silencios incómodos y una pregunta que todavía nadie responde del todo: ¿quién decidió soltarle la mano a quién?
Schiaretti no disimula su enojo. En su entorno repiten que el actual mandatario provincial cometió un “error político” al otorgar libertad de acción a los diputados cordobeses en una votación tan sensible como la reforma laboral. Para el exgobernador, ese gesto no fue neutral: fue una señal de debilidad frente a la Casa Rosada y, al mismo tiempo, una ruptura con la histórica disciplina del peronismo provincial.
La lectura es clara: mientras Schiaretti buscaba sostener una postura coherente con el relato productivista y sindical que durante años fue bandera del cordobesismo, Llaryora optó por un pragmatismo que terminó pagando con costo interno. El resultado fue un bloque dividido, un mensaje confuso hacia los trabajadores y un ruido político que todavía retumba.
Pero el malestar no termina ahí. En el schiarettismo también apuntan al paro de la CGT y al “faltazo sospechoso” de algunos actores clave en el momento más delicado del debate. Para el exmandatario, hubo una combinación peligrosa: sindicalismo presionando desde afuera y conducción política sin rumbo claro desde adentro.
La reforma laboral actuó como catalizador de un conflicto más profundo. No se trata solo de una ley: se trata del liderazgo. Schiaretti observa que Llaryora intenta construir poder propio, incluso a costa de desmarcarse del legado que lo llevó a la gobernación. Y Llaryora, por su parte, parece decidido a mostrar autonomía, aunque eso implique incomodar a quien fue su principal padrino político.
En el fondo, el problema es estratégico. ¿El peronismo cordobés será oposición dura al gobierno nacional o jugará a la moderación negociadora? ¿Se alineará con los sindicatos o con el discurso de modernización económica? La falta de una respuesta unificada quedó expuesta en la votación.
Lo que antes era un bloque compacto hoy muestra fisuras. Y esas fisuras no son técnicas: son políticas. Schiaretti reprocha lo que considera una claudicación; Llaryora defiende lo que interpreta como realismo. Entre ambos, se abre un escenario nuevo donde el cordobesismo deja de ser una maquinaria aceitada para convertirse en un espacio en tensión.
El voto por la reforma laboral no solo reformó reglas de trabajo. Reformó, también, las reglas internas del poder en Córdoba. Y dejó una certeza incómoda: cuando los liderazgos empiezan a chocar, las heridas ya no se tapan con discursos. Se escriben en las decisiones. Y esta, sin dudas, fue una de ellas.





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