Cuando los robots empiezan a correr: el salto de la robótica al atletismo

TECNOLOGÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El robot Bolt promete velocidades inéditas para un humanoide bípeda
  • La velocidad traslada la robótica del laboratorio al rendimiento físico real
  • Correr rápido plantea desafíos extremos de equilibrio y control dinámico
  • El desarrollo se apoya en antecedentes previos de la misma empresa
  • China impulsa un ecosistema donde el rendimiento robótico gana protagonismo
  • Las aplicaciones futuras van del deporte a la investigación científica

Durante años, la robótica humanoide estuvo marcada por dos imágenes casi opuestas. Por un lado, máquinas espectaculares capaces de ejecutar saltos, piruetas y acrobacias milimétricamente calculadas en entornos controlados. Por otro, diseños pensados para tareas repetitivas, con movimientos limitados y predecibles, más cerca de la automatización industrial que del cuerpo humano en acción. Entre ambos extremos, el atletismo parecía un territorio ajeno: correr rápido, de verdad, seguía siendo una frontera reservada a los humanos.

Esa frontera, sin embargo, comienza a correrse. En los últimos días, una empresa china presentó un robot humanoide que no solo promete equilibrio y estabilidad, sino velocidad propia de la competencia atlética. Se trata de “Bolt”, un modelo desarrollado por MirrorMe Technology que, según la compañía, alcanzó los 10 metros por segundo en pruebas realizadas fuera del laboratorio. De confirmarse, el dato marca un cambio de escala: ya no se trataría solo de demostrar control mecánico, sino rendimiento físico en condiciones cercanas al mundo real.

La comparación resulta inevitable. En 2009, Usain Bolt estableció en Berlín el récord mundial de los 100 metros con un tiempo de 9,58 segundos, una marca que definió el límite del sprint humano. Aunque el robot no compite en una pista oficial ni bajo las mismas reglas, la cifra permite dimensionar el desafío técnico que supone acercarse a ese nivel de velocidad con una estructura bípeda artificial, sometida a impactos constantes y exigencias de estabilidad extrema.

Correr rápido es, probablemente, uno de los problemas más complejos de la robótica humanoide. A diferencia del desplazamiento lento o controlado, el sprint obliga a coordinar percepción, control motor y respuesta inmediata ante cada apoyo. En los humanos, esa sincronía se da de manera casi inconsciente; en una máquina, requiere rediseñar articulaciones, optimizar la entrega de energía y ajustar el equilibrio dinámico en tiempo real. MirrorMe asegura que Bolt incorpora nuevas configuraciones articulares y un sistema de potencia especialmente desarrollado para reproducir patrones de movimiento más cercanos a los humanos.

El anuncio no surge de la nada. La empresa lleva años explorando el rendimiento físico como eje central de su investigación. Un antecedente clave fue Black Panther II, un robot orientado a tareas experimentales que logró recorrer 100 metros en 13,17 segundos durante una demostración pública en China, con una velocidad máxima cercana a los 9,7 metros por segundo. Bolt aparece así como una evolución natural de ese camino, con el objetivo explícito de superar marcas previas y llevar la robótica bípeda a un nuevo umbral.

El contexto también es significativo. En China, la robótica humanoide empezó a expandirse hacia terrenos que van más allá de la investigación académica. En los últimos años se multiplicaron las exhibiciones públicas de robots capaces de combatir en disciplinas como el kickboxing, además de competencias y torneos que funcionan como vidriera tecnológica. En ese ecosistema, la agilidad, la coordinación y la velocidad se transforman en métricas de prestigio y avance, no solo en curiosidades técnicas.

Más allá del impacto simbólico del récord, la empresa proyecta posibles aplicaciones concretas. Entre ellas, la idea de que humanoides de alto rendimiento puedan actuar como compañeros de entrenamiento para atletas, ofreciendo datos precisos sobre biomecánica, ritmo y técnica. También se abre una ventana para la investigación científica del movimiento humano, donde un robot capaz de replicar y sostener esfuerzos extremos podría convertirse en una herramienta valiosa.

Como ocurre con muchos desarrollos de robótica avanzada, el verdadero alcance de Bolt dependerá de algo más que un anuncio o una prueba aislada. La validación a largo plazo, la repetición de resultados y el desempeño en escenarios variados serán claves para saber si se trata de un hito puntual o del inicio de una nueva etapa. Por ahora, lo cierto es que la imagen del robot que corre —y corre rápido— ya dejó de ser una fantasía lejana y empieza a ocupar un lugar concreto en el debate tecnológico.

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