Lo que sube, jamás baja

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Estamos acostumbrados, más bien resignados, a que cuando el precio de un producto sube respondiendo al incremento de uno de los elementos que lo integran, cuando este último baja… el precio que subió queda igual.
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Argentina ofrece situaciones originales, únicas. En este país no resisten las leyes de mercado, ni siquiera la ley de gravedad.

Estamos acostumbrados, más bien resignados, a que cuando el precio de un producto sube respondiendo al incremento de uno de los elementos que lo integran, cuando este último baja… el precio que subió queda igual.

Lo que sube, jamás baja en la Argentina. Y siempre tienen a mano una explicación que lastima nuestros bolsillos.

Pasó con los combustibles. Cuando se liberó su precio se prometió que el sistema funcionaría como en muchos lugares del mundo, donde el valor sube de la mano del dólar o el precio del barril, o baja por la misma situación. Sin embargo, a pesar de la baja sostenida del “verde” y del precio internacional del barril de crudo, el precio de la nafta no baja un centavo.

Las petroleras lo explican señalando que el combustible venía con un atraso del 10 por ciento, por lo que no bajará. Es más, hacia fin de año podría tener otra suba.

Y lo mismo ocurre ahora con el precio del pan. Con la aparición del trigo de la nueva cosecha, el valor de la bolsa de harina registró una caída del 18 por ciento. A pesar de que el incremento de este producto –en parte por la sequía-, había sido uno de los elementos determinantes a la hora de imponer un precio de 70 pesos el kilo de pan… ahora en las panaderías no hay ninguna baja.

Los panaderos tienen su explicación. Siguen subiendo los impuestos, las tarifas y los salarios de los empleados, no se puede bajar el precio del pan.

Siempre hay una justificación para no reacomodar los precios a la baja.

Razones que nuestros salarios no entienden.

Fuente: Crónica 

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