Prevaleció el acuerdo, a pesar de la presión

OPINIÓN Por
El método para abortar la sesión del Presupuesto 2019 fue el mismo que en diciembre, pero esta vez lo neutralizaron.
CAMARA DE DIPUTADOS

Vamos a los números: para la reforma previsional el oficialismo consiguió el 19 de diciembre 129 votos a favor y 117 en contra. Ahora consiguió 138 contra 103 y 8 abstenciones, que fueron negociadas. Sumó votos a favor y restó en contra. Y eso que en esta última votación estuvo presente el fantasma del Fondo Monetario Internacional. Si se quiere mirar este resultado con ojos optimistas se podría aventurar este pronóstico: hay un núcleo político más responsable ampliándose.

En diciembre, se incendió la Plaza del Congreso, mientras en Diputados y en medio de un bochorno, el bloqueo a la reforma estuvo muy cerca de triunfar. Afuera, los disturbios crecían coordinadamente.

El método se repitió el miércoles afuera y también adentro. El mismo propósito: bloquear la media sanción del Presupuesto para herir la capacidad del oficialismo de poder acordar con una franja de la oposición.

Vistos los resultados, el “acuerdismo” avanzó y la coordinada embestida desde afuera para que los de adentro -los K y la izquierda dura- pudieran apurar el fin de la sesión fracasó por mayor margen que en diciembre.

El debate fue pobre y el escenario, una sucesión interminable de chicanas, amagos de peleas entre diputados, iconografías montadas para aprovechar el prime time de la televisión y frases calcadas, repetidas como letanía.

Entre unos que quieren que Macri termine rápido y se vaya a su casa y otros que se han anotado en la campaña electoral, como candidatos inciertos de un espacio incierto, mientras en Tribunales se abren todos los días las pústulas de la corrupción, el Presupuesto que se votó fue un hecho político en sí mismo.

Cristina Kirchner tuvo siempre un Presupuesto dibujado porque con el pretexto de la emergencia económica convirtió lo que su mayoría automática votaba en el Congreso en papel mojado.

El peronismo no K que votó a favor podrá exhibir, aun a regañadientes, que no pone palos en la rueda, lo que puede ser traducido como muestra de responsabilidad política. Finalmente es el oficialismo el que asume la responsabilidad de los resultados del ajuste que proponen los objetivos de las cuentas oficiales. Cuentas, por otra parte, que por duras contrastan con la larguísima tradición de presupuestos dibujados desde el inicio.

Primeras respuestas económicas: la Bolsa repuntó, el dólar subió centavos dentro de lo previsible, pero el riesgo país no mejoró. Se lo puede leer en dos claves: ningún entusiasmo o también ningún desbarranque. Macri festejó en clave futbolera: ganó Boca y aprovechó para cargar a Frigerio, riverplatense, con mucho que ver en los votos conseguidos para una mayoría más holgada.

La votación produjo además una revalorización sutil de la conducta de buena parte del peronismo no K simplemente por contracara de la conducta kirchnerista. Esta conducta de diferenciación tiene una posible contracara electoral que puede expresarse como una opción electoral sin Cristina.

Se trata de un núcleo peronista que se estructura alrededor de gobernadores y legisladores que buscan por ahora demostrar otro tipo de conducta política, desde la no coincidencia con Macri y su gobierno.

El oficialismo exhibió ductilidad en Diputados para manejar una situación difícil, hacer prevalecer los acuerdos logrados y sostener la sesión a pesar de los ostensibles esfuerzos que hubo para abortar el debate.

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Ricardo Kirschbaum

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