EL CUCO DEL DÉFICIT FISCAL PARA JUSTIFICAR LA MISERIA DE LA GENTE

EDITORIAL 05 de agosto de 2019 Por
“La culpa la tuve yo”. El título de un libro del empresario periodístico Héctor Ricardo García, recientemente fallecido, es lo que se pretende imponer a la sociedad para traspasarle la responsabilidasd del fracaso del gobierno
macri lagard

 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

El hombre se acerca a la exhibidora de los lácteos, toma un trocito de queso y busca la etiqueta. El número 271,25 le hace fruncir el seño, y dejarlo nuevamente en el lugar. Su hijo de seis años se desprende de la mano paterna y toma una golosina de un barril. El padre le saca el paquetito y -seco- no admite apelación.

En la caja, una señora escucha de la empleada el total de la compra y comienza a apartar artículos hasta que la cuenta queda por debajo de una cifra. La mujer paga, aunque debe hurgar en su monedero para llegar a lo que marca el ticket.

En la carnicería, un niño pide treinta pesos de carne picada. Paga con tres billetes de diez difícilmente aceptables por su deterioro y se va con una bolsita que ni se nota en su harapiento bolsillo. Afuera, un hombre con aspecto de ciruja de corta data, busca alimentos en el canasto de residuos de la vereda.

En el edificio se advierten habitantes nuevos, aunque ningún inquilino dejó su departamento: son los hijos que una vez se fueron del hogar familiar y ahora, ya no pueden afrentar los alquileres de mercado. Algunos vuelven solos, pero otro lo hacen con su pareja y uno o dos pequeños. Difícil imaginarse cómo se acomodan todos en los pocos metros cuadrados disponibles.

La caída en el nivel de vida de los argentinos está bien a la vista, más allá de las personas y las familias que fueron lanzadas a la calle. De ellos pueden decir que son vagos, actores pagos por la oposición, o cualquier otra cosa, pero la realidad no puede ocultarse en ningún ámbito.

Los economistas liberales, particularmente aquellos que adhieren a las políticas de la administracion actual, encuentras formas de desviar la atención y explicar que el padecimiento de los argentinos sería consecuencia de la herencia recibida, o el gradualismo con el que el presidente y su equipo encararon la reforma implementada a partir del 10 de diciembre de 2015. Pero están plantados con que el enemigo es el déficit fiscal, aunque se cuidan mucho de dejar constancia de que la lucha contra ese demonio tan nefasto, luego de casi cuatro años de iniciada, no solamente sembró miseria y desempleo sino que duplicó la inflación, destruyó la industria y no disminuyó el déficit fiscal; por el contrario, lo incrementó. Para disimular, y reinvindicar su plan, desdoblan maliciosamente esa cifra, omitiendo los intereses que el país debe pagar desde entonces. Total basta mencionar la reducción del déficit primario sin incluir el financiero. Total casi nadie va a tomar nota de la diferencia.

Axel Kicillof dijo una vez que si uno no le entiende a un economista es porque le está mintiendo. Nunca como ahora estas palabras reflejan una verdad contundente. Pero al aparato propagandístico oficial ellas no le hacen mella, y sigue tratando de vender la idea de que “las bases ya están sentadas” y que “estamos avanzando”.

Lo real es que esos ciudadanos a los que referimos en los primeros párrafos de esta nota son los mismos que hace menos de un lustro podían presentar una digna mesa familiar, hecha con los alimentos que llenaban su heladera. Aquellos que llegaron al autito, al celular, y -en muchisimos casos- a una vivienda que hoy siguen pagando en pequeñas cuotas. Esto no lo afirmó un activista de La Cámpora; fue lo que dijo el nuevo presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, a poco de asumir. Lo reconoció, pero sostuvo que tal cosa no era posible, porque el país era pobre, y los “empleados medios con salarios medios” no podían ser titulares de semejantes lujos. La vicepresidenta refrendó estos dichos, alegando que aquellos vivían una fantasía que no podía durar eternamente.

Cerca de la finalización del mandato del presidente Macri, y ante la evidencia de que el plan económico no produjo un solo resultado positivo, los funcionarios -al igual que los jerarcas religiosos- prometen soluciones futuras (muy lejanas, eso sí) al sufrimiento presente. Y no se inmutan cuando se les recuerda que, mientras invitan a los inversores a tener confianza, dejan la mayor parte de sus suculentas fortunas bien a resguardo en Miami o -peor aún- en refugios fiscales del exterior, en los que la legalidad inicial de sus posesiones no merece ningún escrutinio.

La realidad es que la batalla contra el déficit fiscal no es otra cosa que una forma de transferir ingresos desde el sector menos pudiente de la sociedad a quienes ya disfrutan de la mayor tajada de la torta. Así de simple, aunque los medios de difusión se atiborren de “expertos”, jóvenes o no tanto, que no “cayeron en la escuela pública” y, sin conocer nada de la vida real, intentan avalar, con sus títulos de universidades extranjeras que propagan la ideología del establishment, el empobrecimiento de las grandes masas argentinas. País que no les interesa, vale aclarar de paso.

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