Las encuestas tensan al máximo los nervios de los candidatos

POLÍTICA Por
El macrismo pasó del pesimismo al optimismo. Y los kirchneristas confrontan por la estrategia de campaña.
ENCUESTAS

Ya se sabe que las encuestas pueden fallar. Lo hicieron en el plebiscito que puso en riesgo el proceso de paz en Colombia y fallaron también cuando pronosticaban una derrota del Brexit en Gran Bretaña. Pero lo cierto es que todos los sondeos en la Argentina están registrando el mismo fenómeno. El freno de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner y una recuperación moderada del binomio que conforman Mauricio Macri y Miguel Angel Pichetto. Cada encuesta tiene sus argumentos y su margen de diferencia. Las que encarga la Casa Rosada muestran una diferencia de entre 1 y 3 puntos a favor de la dupla opositora. Y las que vienen de la cantera kirchnerista elevan ese margen hasta el 5%. Si esos pronósticos se consolidan, sólo cabe esperar un final no apto para cardíacos el 27 de octubre de 2007.

¿Cuándo empezó a registrarse este fenómeno de swap en los estados de ánimo? La mayoría de los encuestadores marcan el freno de la fórmula Fernández-Fernández a partir del lanzamiento del libro Sinceramente, la versión apócrifa de la Argentina que construyó la ex presidenta sobre lo que sucedió en los últimos años. Los episodios de kirchnerismo explícito que se dieron a partir de entonces eclipsaron cada intento de emparche racional que buscó mostrar Alberto Fernández como candidato presidencial.

Uno de los campos de prueba donde se pueden observar los desencuentros recientes del kirchnerismo es en la relación de los equipos de campaña. Los colaboradores de Alberto Fernández, lo mismo que los de Axel Kicillof y los de Verónica Magario en territorio bonaerense o los de Víctor Santa María y Matías Lammens en la Ciudad sufren el estricto control estratégico e ideológico de los dirigentes de La Cámpora que custodian desde el Instituto Patria las prevenciones de Cristina. “Nos estamos matando y eso que todavía no ganamos”, se lamenta un intendente peronista del Gran Buenos Aires que alerta sobre el fantasma de la desorganización que los llevó a tres derrotas consecutivas desde el 2013.

En cambio, la trinchera macrista pasó del pesimismo al optimismo. Durante la misma línea de tiempo, Macri obturó las fricciones internas de Cambiemos abriendo la fórmula al peronismo flexible de Pichetto y otorgando los espacios necesarios en las listas de legisladores para que la UCR y la coalición de Elisa Carrió se encolumnaran en una campaña electoral que arrancó con la peor de las perspectivas. Pero la tormenta parece haber amainado. El congelamiento del dólar; el cambio de los vientos en los mercados y el declive de la inflación terminaron de configurar un escenario de módica recuperación económica imprescindible para intentar la remontada.

Los sondeos comienzan a mostrar, además, una tendencia hacia la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo que le pone un techo cada vez más bajo a las candidaturas alternativas de Roberto Lavagna, José Luis Espert y Nicolás Del Caño, los tres que tienen más posibilidades de superar el 1,5% que exigen las PASO para competir en la primera vuelta de octubre. Algunos arriesgan, incluso, la posibilidad de un final anticipado sin ballotage. Claro que falta mucho todavía para especular sobre esa instancia que en el 2015 definió la presidencia por menos de tres puntos.

Hay una certeza en la que sí confluyen los equipos de Macri y de Cristina. La elección se definirá el 27 de octubre en la provincia de Buenos Aires. Si el Presidente logra un buen resultado en las PASO (incluso una derrota ajustada), necesitará que María Eugenia Vidal aventaje a Kicillof y consiga ser reelecta como gobernadora. Esa circunstancia cambiaría totalmente el panorama y le permitiría disputar el ballotage en un escenario absolutamente favorable.

Del mismo modo, la derrota de Vidal en el territorio bonaerense produciría el efecto contrario y dejaría a Macri contra las cuerdas para la batalla final contra el kirchnerismo. Las estadísticas dramáticas del tramo final de la elección parecen haber hecho estragos en el ánimo de los candidatos. El Presidente sonreía el miércoles en Parque Norte, donde cerró el acto de lanzamiento de la coalición oficialista. Y los nervios le jugaban en contra a Alberto Fernández, que discutió a los gritos con tres periodistas que sólo le preguntaban sobre las durísimas críticas que él mismo le había hecho a Cristina cuatro años atrás por la muerte del fiscal Nisman. Fotografías de una película a la que todavía no se le conoce el epílogo.

 

 

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Fernando Gonzalez

Te puede interesar