Del amor al odio, la cambiante relación de Moyano con Macri

POLÍTICA Por
Cómo pasaron de los elogios y los favores políticos a las fuertes acusaciones cruzadas
MACRI Y MOYANO

Hugo Moyano sonrió:

—"Si Evita viviera diría que Macri se está haciendo peronista", elogió al presidente en los albores de 2016.
Eran tiempos de coqueteo del sindicalista con el poder central y la certeza de que Cristina Kirchner era parte del pasado. "Yo estoy convencido de que ella ya fue", dijo entonces.

Este viernes el camionero no tuvo empacho en mostrar un cambio diametral de su postura: reivindicó la fórmula Fernández-Fernández y le dedicó el "ya fue" a Macri por su mala gestión económica.
 
"El 10 de diciembre ese señor se va a su casa", dijo el ex jefe de la CGT para responder a las etiquetas de "mafioso" y "patotero" que el día anterior, en plena celebración del Día de la Bandera, le había estampado el mandatario.

La circunstancias políticas evidentemente transformaron en tormentosa una relación que durante años venía viento en popa. De hecho, la militancia ortodoxa de Moyano dentro del PJ no le impidió acercarse a Macri, aun antes de que éste se convirtiese en el primer presidente no peronista de los últimos quince años.

El anclaje del vínculo táctico entre ambos siempre fue el dinero y los negocios, con eje en el servicio de recolección de basura. ¿El caso más emblemático? Cuando el gobierno porteño, con el guiño de la Legislatura, le otorgó a los camioneros 220 millones de pesos, a modo de resarcimiento, asumiendo incluso responsabilidades de un grupo de concesionarias de la Ciudad.

¿De qué estamos hablando? De las indemnizaciones que Moyano reclamaba, desde 1998, en tiempos de Manliba (del grupo Socma, o sea, de Macri) cada vez que vencía la concesión de una firma de recolección de residuos.

En 2012 el líder del PRO afrontó con bonos el reclamo de los camioneros, quienes finalmente fueron pasando de una empresa a otra conservando la categoría, el sueldo y la antigüedad.

Simultáneamente, Macri ayudó a consolidar el poder omnímodo del ex titular de la CGT en el rubro, donde siempre tuvo fuerte injerencia Covelia, una empresa de recolección de residuos que vinculan al sindicalista y que sólo en 2008 facturó 124 millones de pesos.

Ricardo "Champancito" Depresbiteris, titular de Covelia, ya había comprado camiones de carga lateral -que de hecho alquiló a Ashira y Martin y Martín, empresas que operan en la Ciudad- para responder a los requisitos establecidos por la gestión porteña del PRO para participar de las licitaciones.

El empresario nunca creyó que aquel famoso exhorto de la Justicia suiza –que en una causa de lavado asoció a Moyano con su compañía en base a artículos periodísticos– fuera un obstáculo para avanzar en la Ciudad.

En un informe sobre Covelia, Walter Martello, actual integrante de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, dijo que las negociaciones de Moyano en favor de Depresbiteris "son descaradas".

En el negocio de la basura que conectó a Moyano con Macri asoma Claudio "Chiqui" Tapia" como actor de reparto. El yerno del sindicalista, además de presidir la Asociación del Fútbol Argentino e integrar el gremio de camioneros, es el vicepresidente del Ceamse, una empresa creada por los gobiernos bonaerense y porteño para ocuparse de los residuos del área metropolitana.

El ex jefe de la CGT ni hablaba de Tapia cuando se reunía con Macri porque sabía que era razón de incordio, por ciertas desavenencias en el manejo de la AFA. Prefería recordar las cuestiones que lo acercaban al Presidente. ¿Un ejemplo? Aquel megafestejo en el Parque Roca, donde 30 mil trabajadores tiñeron las gradas de verde, el color del sindicato, cuando lograron arrancarle al PRO la indemnización millonaria para los basureros. El predio fue cedido por la Ciudad.

El vínculo con el macrismo se extiende a parquímetros y grúas, una actividad que deja enormes dividendos en las arcas porteñas y que es ejercida por trabajadores camioneros. En esa relación siempre estuvo presente Francisco Cabrera, el ex ministro de Producción.

Cabrera fue la persona a la que Moyano agradeció en 2010, cuando pulseaba por la compra de Comunicaciones, después de un largo proceso de quiebra del club. Y aunque a la postre el sindicalista no logró quedarse con la institución, sus presiones impidieron el avance de otros competidores.

Lo mismo sucedió a fines de 2015, cuando el camionero logró frenar el nombramiento de Jorge Lawson, del grupo Arcor, como ministro de Trabajo de la Nación. Desde la Casa Rosada, Macri le había prometido ese lugar al funcionario cordobés. Pero cedió ante la presión sindical.

La cartera laboral finalmente quedó en manos de Jorge Triaca, quien acompañó a Moyano a la inauguración del Sanatorio Antártida, en el barrio de Caballito. En ese acto celebrado en abril de 2018 con toda la pompa —pese a que el centro de salud estaba inactivo— también dijo presente Diego Santilli. Es un secreto a voces que el vicejefe de gobierno porteño fue el histórico encargado de la costura entre el moyanismo y el macrismo.

A nadie le sorprendió esa foto, sobre todo porque estaba el precedente de otra, tomada en la Usina del Arte en la campaña presidencial, donde se veía al camionero y el candidato Macri inaugurando un monumento a Juan Perón.

Moyano siempre dijo que estuvo ahí por invitación de Gerónimo "Momo" Venegas, el fallecido secretario general de Uatre, uno de los pocos gremios enrolados en el macrismo. Sin embargo, y aunque su CGT se había manifestado "prescindente" en el proceso electoral de 2015, todos interpretaron aquel encuentro como un guiño del camionero a Cambiemos.

Ya entonces Moyano representaba eso que en los `90 criticaba a sus pares: un sindicalista-empresario, con un irrefrenable afán de acumulación. No sólo construyó un formidable emporio de empresas familiares alrededor de su gremio sino que logró que Néstor Kirchner lo pusiera a manejar el ferrocarril General Belgrano.

El entonces presidente le otorgó a la mutual de los trabajadores camioneros el 6,66 por ciento de la Sociedad Operadora de Emergencia S.A. (SOE), que pasaba a hacerse cargo de la mayor red nacional de transporte de mercadería del país. Otro de los integrantes de ese consorcio fue Franco Macri, papá de Mauricio.

Las cabriolas que el dirigente sindical exhibió en los últimos años demuestran que antes no fue macrista ni ahora es kirchnerista. Moyano sólo es moyanista.

Mientras el kirchnerismo le dio planfond, trabajó codo a codo con Néstor y Cristina, y hasta copó de trabajadores la 9 de Julio de para respaldar la reelección de la mandataria. Cuando le obturaron espacios de poder, endureció su postura y hasta le paró el país con su cruzada anti ley de Ganancias.

La parábola durante la gestión Macri fue similar. De tirarse flores pasaron a lanzarse cascotazos. Nada quedó de aquellos días en los que Hugo le decía "compañero" a Mauricio y éste le agradecía al sindicalista por "devolverle la dignidad a los trabajadores". De pronto, Moyano se convirtió en el máximo enemigo a doblegar. Y se lo corrió de las negociaciones con la CGT como castigo por su resistencia a la reforma laboral y a la ley antidespidos.

La guerra fría tuvo varios capítulos. Acaso el más estruendoso fue la intervención de OCA, que Moyano manejaba desde las sombras. El nexo entre la mayor empresa postal privada y el sindicalista se hizo particularmente explícito en Independiente, club que preside el gremialista.

La compañía fue por años sponsor del club y su logo lucía en el frente de la camiseta. Pero como si eso fuera poco, los hijos del sindicalista y la barra del "Rojo" compartieron tribuna en el Mundial de Sudáfrica con Patricio Farcuh, por años la cara visible de la firma.

Cuando la pelea entre el gobierno y el ex jefe cegetista entró en un camino sin retorno, se activó una avanzada judicial contra el gremio de camioneros e Independiente.

Los últimos meses fueron a todo o nada: allanamientos y multas siderales al sindicato, y la viralización de aquella antológica discusión televisa de Moyano y Patricia Bullirch, en el programa de Mariano Grondona, probablemente con el propósito de capitalizar la mala fama que hace tiempo arrastra la corporación sindical, amén de la mala praxis económica que exhibe el gobierno.

Para Moyano fue suficiente. Huérfano de diplomacia, esta semana terminó caratulando a Macri de "decerebrado" e hizo propia la chicana de que la actual administración "está repleta de CEO`s que gobiernan para ricos".

No sólo olvidó que alguna vez dijo que "si Evita viviera diría que Macri es peronista" sino que ubicó al presidente muy lejos de las causas populares. Para el sindicalista, hoy en la Casa Rosada simplemente hay "lacayos del FMI que buscan hambrear al pueblo".

 

 

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Diego Shurman

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