Sin una gran mesa de diálogo no hay solución posible para la Argentina

ECONOMÍA Por
Es fundamental el consenso para cambiar el actual modelo de especulación financiera
ALDO PIGNARELLI

El modelo implementado a partir de diciembre de 2015 se basó en una economía de liberación del sector financiero y del comercio exterior. Sin embargo, el Gobierno no tomó en cuenta que a partir de la asunción del presidente Trump comenzó una guerra comercial con proteccionismo y que la globalización financiera ya había terminado en la crisis internacional de 2008/2009. El mundo hoy no es comprador sino vendedor de bienes y servicios.

Este modelo local, más allá de la caída del PBI, menor empleo, caída del salario, fuga de capitales y la consecuencia de financiarse con un fuerte endeudamiento, instaló dos círculos viciosos: uno, la puja entre los precios y salarios, y otro, la relación tasa de interés con el tipo de cambio y la inflación. Las consecuencias ya las conocemos y deberíamos prestar mayor atención en el futuro. Pero cuáles serían las ideas fuerza para modificar la realidad.

Para empezar, debe plantearse un consejo económico, político y social, que habrá de integrar a los partidos políticos con presencia legislativa, amplios sectores empresariales, sindicales, profesionales y la iglesia, todos sentados en una mesa de diálogo a fin de consensuar un acuerdo de precios y salarios –tal como ocurrió en Israel, Chile, México o España- países que alguna vez sufrieron nuestra misma inflación y hoy tienen no más de 3% anual. Nótese que no hablamos de congelamiento. Deberá ser un acuerdo y es por ello que debemos sentarnos en una gran mesa de diálogo sin la cual no habrá solución posible.

Otra medida es la protección del trabajo argentino. Aquí tampoco hablamos de cerrar la economía sino de una administración inteligente del comercio exterior que nos permita recuperar la capacidad ociosa de la industria, que hoy llega al 50%.

La Argentina debe retomar los equilibrios macroeconómicos sobre la base de los siguientes puntos. Primero: un control del déficit fiscal para que no supere el porcentaje de crecimiento anual del PBI. Segundo: superávit de la balanza comercial. Si bien la base del crecimiento son las exportaciones, fundamentalmente de energía y del campo, deberá implementarse una política de mayor valor agregado a la producción. Tercero: un dólar competitivo en términos económicos y sociales. Sí, sociales. Un dólar competitivo no sólo para los exportadores, sino también para los salarios, para el mercado interno, que incluye a nuestras pymes, a los asalariados, a los profesionales, a los cuentapropistas. Hay que recuperar el mercado interno a través de mayores salarios y fuerte impulso de las economías regionales.

Cuarto: necesitamos una política monetaria sana que no financie fuga de capitales. Se deben evitar las súper ganancias de los capitales golondrina. Si fuera posible, para siempre. Esto se logrará con un BCRA que establezca un mínimo de control como en cualquier país del mundo.

Debemos también recuperar el crédito interno. Hoy los bancos prestan al sector privado solo el 10% del PBI, cuando debería ser el 30%. Si incorporáramos a las Leliq y las Letes al crédito lograríamos el objetivo en los próximos 4 años. La distribución de estos créditos se asignaría a las pymes, a las economías regionales y a la construcción de viviendas populares, generando nuevos puestos de trabajo en un conjunto que representa el 75% del total de mano de obra del país.

Los próximos cuatro años deberán ser de crecimiento y desarrollo para lo cual se necesitan reformas en serio. Una reforma tributaria que fomente la inversión productiva con desgravaciones, convocando a los profesionales en ciencias económicas a través de los consejos de toda la nación. Hoy los hemos degradado a simples escribas electrónicos que luchan con la AFIP y sus resoluciones. Ya basta de mandar a los científicos a lavar los platos o creer que un profesional es un esclavo sin ideas. Es entre todos.

Necesitamos también una reforma previsional que garantice y mejore las jubilaciones. Y una reforma laboral para adecuarse a las nuevas tecnologías pero defendiendo los derechos de los trabajadores. La Argentina puede y debe ser ejemplo en el mundo. No nos deberían fascinar aquellas aplicaciones que sólo pauperizan el trabajo. Entendemos que allí no hay progreso y mucho menos trabajo de calidad.

Sobre la elevada deuda contraída por este gobierno, en el caso del FMI, BID, Banco Mundial (que representa el 30% del total ) deberá negociarse una nueva forma de pago solicitando la renovación del capital y pago puntual de intereses, similar al año 2002. El resto de la deuda se reparte 40% ANSES y BCRA y un 30% de acreedores privados. A estos últimos deberemos darles seguridad de pago, mayor certidumbre para cobrar sus acreencias, y evitar un default sin sentido.

Insistimos, es fundamental el consenso porque un solo sector no resuelve los graves problemas estructurales de la sociedad argentina, se necesita construir una nueva mayoría para constituir la unión nacional. En definitiva, cambiar el modelo actual de especulación financiera y pasar a un modelo productivo que perdure en nuestra historia.

 

 

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Aldo Pignanelli, economista y ex presidente del Banco Central

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