LAS OBRAS SON INVISIBLES; LA MISERIA NO

EDITORIAL Por
El hambre y el desamparo son cada vez más evidentes en las calles de las ciudades argentinas. Macri se afirma en sus trece, pero Christine Lagarde ya está reculando
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 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

Las noticias acerca de las impactantes caídas de la actividad económica ocuparon la mayor parte de las primeras planas de diarios de papel y portales de interés en la semana pasada. En lo que va de la presente, el interés periodístico se desplazó un tanto hacia la nutrida información del campo político, con la internación de Alberto Fernández, el triste ballet de aquellos que se dicen peronistas (pero que del otro lado son calificados como peornistas) e intentaron conformar una alianza federal antikirchnerista, de la que actualmente quedan poco más que hilachas.

La peor situación, en la industria, es la que atraviesan las terminales automotrices y sus empresas proveedoras, que alcanza dimensiones de catástrofe. Tanto es así que el gobierno nacional va a subvencionar jugosos descuentos para los adquirentes de vehículos, que llegan hasta los 90 mil pesos por unidad.

Naturalmente, evitar, o al menos reducir la cantidad de despidos y suspensiones que están ocurriendo en esta rama de la producción redunda tanto en beneficio de las empresas como de sus trabajadores, por lo cual es bienvenida; por cierto uno puede también preguntarse si no sería convenientes asimismo disposiciones gubernamentales similares para destinar dinero a bajar el precio del pan y de otros alimentos básicos. Al fin de cuentas los compradores de autos no están en situación tan crítica como muchos que no pueden afrontar el gasto que implica el alimento que requiere la familia.

Muchas veces, a la parte de la sociedad que todavía puede comprar el pan y también cambiar el auto sin un gran impacto en sus ingresos, los titulares de la economía se borren de su mente al instante de levantarse del desayuno. Lo mismo que le ocurre a aquella que no sufre demasiado porque tenga que dejar la tentación que generan las ofertas de 0 Km pero que tiene su mesa decentemente servida. Pero lo que ocurre en la calle produce una impresión mucho más duradera. Y tanto en quienes se conduelen por la inocultable miseria que queda palmariamente expuesta como por los que se alarman por el presunto peligro que le representan demasiados hambrientos a su alrededor.

Y el peligro existe más allá del arrabatador de carteras o de quien se lleva entre sus ropas (o que se come adentro del supermercado o el almacén) algún bocadillo: el sistema de salud pública está cerca del colapso por la gran cantidad de personas que ya no pueden costear su servicios de medicina prepaga y se vuelcan a la atención en hospitales y otros centros de salud del Estado.

Los farmacéuticos se enfrentan constantemente con personas que cuando van a adquirir un medicamento se encuentran con que el dinero que llevaban es insuficiente, y resignan parte de la compra, poniendo en peligro su tratamiento. Los panaderos relatan que es común que les pidan cinco pesos de pan, y los carniceros están pensando en un balanza de precisión cuando alguien les pide 10 pesos de carne molida.

¿Cuál es el resultado de la combinación de frío, desnutrición y mal cuidado personal? Enfermedades Enfermedades que pueden quedar en el individuo y también otras que son infectocontagiosas. En otras épocas se trataba de no alarmar a la población por las epidemias, pero también el morbo jugaba su papel y la prensa conseguía atención informando sobre el impacto de la gripe o el hantavirus. Ahora eso queda relegado a un segundo plano pese a índices alarmantes, como el que da cuenta del aumento de la tuberculosis o la vuelta del sarampión, que había sido desterrado, o el dengue.

Estos son enemigos adicionales al de los ladrones y asaltantes callejeros, a los que no se los combate con rejas, alarmas y cámaras filmadoras. Ellos no distinguen entre pobres y ricos. Pero a veces sí lo hacen, como cuando la epidemia de poliomielitis de mitad del siglo pasado que dejó miles de víctimas en la Argentina. Fue el sector más pudiente de la sociedad el que estadísticamente se vio más afectado, ya que las peores condiciones de higiene de la población más vulnerable le proveyó una mayor resistencia frente al ataque del virus.

En definitiva, nadie se salva de una política económica que se basa en el deterioro de las condiciones de vida de la sociedad y en la búsqueda de “buenos” números macroeconómicos que se puedan mostrar en planillas Excel o presentaciones de Power Point, que tampoco se dan en la Argentina de hoy. Y que, si se pretenden mostrar, a pocos o nadie convencen. La Directora Gerenta del Fondo Monetario Internacional ya está en aprietos por haber aprobado el disparatado monto de préstamos otorgado a la Argentina, que cubre el 61% de la cartera otorgada a todos los países deudores.

La señora Lagarde está haciendo un mea culpa por haber sido demasiada optimista en sus pronósticos respecto de la Argentina. Su permanencia el puesto está ahora en la picota, como la del presidente Macri, cuyos asesores ya no saben a que artilugio recurrir para salvarlo de una derrota en las próximas elecciones nacionales.

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