SIN CEPO ¿HAY LIBERTAD?

EDITORIAL Por
El “cepo” al dólar fue uno de los principales “males” kirchneristas señalados por la oposición de entonces. Mucho le sirvió a esta para llegar al gobierno. Pero detrás de los eslóganes hay realidades que se escamotearon al conocimiento del público
hoy

 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

La gente compró el discurso contra la restricción en la venta de dólares, el famoso “cepo”. Y dentro de esa masa de ciudadanos la mayor parte pertenece, o son los descendientes de aquellos a quienes Perón les preguntó por qué se hacían problema con el dólar: ¿Quién vio alguna vez un dólar? Dijo.

De aquella época hasta hoy transcurrieron muchos años, y, parafraseando al presidente, “pasaron cosas”, aunque Macri se refería a otras cuestiones. Y entre esas “cosas” pasó Martínez de Hoz, el ministro Sigaut (el que se hizo famoso por su frase “El que apuesta al dólar va a perder”) y otros que le dieron visibilidad al billete verde. Por supuesto Menem y su ministro Cavallo, que dolarizaron el peso (esto merece un comentario aparte). En todo caso en ese lapso el mundo se intercomunicó y el intercambio de turistas y otro tipo de viajeros contribuyó a familiarizar al dólar.

Esa parte importante de la población, muchos de los que sí habían visto un dólar, pero que no tenían nada parecido en sus bolsillos, fueron inducidos a rechazar el cepo con el argumento de la libertad “¿Por qué va a venir el gobierno a prohibirme que compre dólares? Eso es un atentado a la libertad, producto de un gobierno que de esta forma se tiñe de dictatorial” era el discurso.

En verdad, estos ciudadanos no tuvieron ningún cepo. Lo demuestra el extraordinario aumento que tuvieron las vacaciones en el exterior por aquella época. Más todavía, quien viajaba fuera de las fronteras nacionales ni siquiera tenía que adquirir previamente los dólares. Compraba con su tarjeta de crédito y sus pesos servían para pagar las compras. Incluso recibía un reintegro por la diferencia entre el valor de cambio del billete verde con el peso, ya que en ese momento había un precio oficial del dólar y otro con el que se transaba en el mercado informal.

La página COTIZACIÓN DEL DOLAR informa sobre las disposiciones de aquella época:


 

Comprata y fuga

Por otra parte, en esos años la fuga de capitales se incrementó notoriamente. Para fugar los dólares hay que comprarlos primero, y aunque las transacciones de divisas no eran legales, nadie tocó nunca a las decenas de cambistas callejeros, y quienquiera que transitara por la calle Florida, en el corazón de la city porteña, podía ver y oír a los “arbolitos”, vocear libre y estentóreamente su clásica oferta: “cambio, cambio”.

Cuando el gobierno otorga un subsidio -planes sociales, por ejemplo- se elevan las protestas de quienes repiten el sonsonete “Yo siempre tuve que trabajar; a mí ningún gobierno me dio nada”. Esto no es cierto, porque los particulares disfrutaban de tarifas energéticas y de transporte subsidiadas; ellos o sus mayores obtuvieron jubilaciones gracias a las moratorias, etc., etc. Pero también los empresarios recibieron subsidios: las “Repro”, sistema por el cual el Estado se hacía cargo de parte del salario de trabajadores de empresas en crisis; las exenciones impositivas al agro y otros beneficios monetarios en ocasión de inundaciones y otras catástrofes, los reintegros a ciertas exportaciones, etc., etc.

Casi siempre, cuando se habla del cepo, se omite un dato crucial: lo que los defensores de esa libertad de compra de dólares reclaman es que el Estado, en este caso el Banco Central, sea quien les provea los billetes verdes. Y nadie se pregunta por qué el BCRA, que es patrimonio de toda la sociedad, tendría que asumir esa obligación.

El gobierno de Cambiemos impuso esa libertad, tan anhelada (por algunos que sacaban buen provecho de ella y otros que se sumaban sin un peso en el bolsillo). Pero ¿de qué manera funciona el sistema? En principio, uno va a una casa de cambio, o un banco, u opera online, y compra dólares sin problema.s Ahora, si en un momento el requerimiento de divisas es muy alto, ocurre lo que prevé la ley de la oferta y la demanda: el precio del dólar aumenta, a veces demasiado. Y ese aumento produce un salto del índice de precios: la inflación se acelera, los mercados se inquietan y el gobierno, para controlar ese frente, sale a vender dólares. Esos dólares, ya sea que vayan a parar al “colchón” familiar o a la inversión en propiedades en Miami, desaparecen de la economía argentina. Con ese mecanismo, desde la asunción de Cambiemos hasta abril pasado se evaporaron más de 68 mil millones de dólares. Una suma mayor a la pedida al Fondo Monetario Internacional, y que la ciudadanía toda tendrá que pagar durante los próximos cien años o más.

Es interesante visitar la página http://www.observatoriofiscalfederal.org.ar/, en la que se reflejan, en tiempo real, una serie de variables económicas. Reproducimos el dato y gráfico de toda la deuda pública, que crece a razón de 450 dólares por segundo. La captura fue tomada el 29 de mayo de 2019 a las 21 horas y siete minutos.


Esta deuda impagable es el verdadero cepo al que está sometida la sociedad argentina, y que es imprescindible liberar para bien de todos.

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