LAZOS FUERTES Y LAZOS FLOJOS

EDITORIAL 28 de mayo de 2019 Por
En el ballet político les Fernández se agrandan y la avenida del medio se va cubriendo de maleza. Los radicales se desgajan y el oficalismo parece naufragar sin remedio
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  Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba   

Luego de una decena de elecciones provinciales perdidas por Cambiemos, que remata más de tres años de tropiezos en el área económica y pronostican una derrota en el orden nacional, el radicalismo está realizando su convención, que debe decidir si el partido se mantiene dentro del frente Cambiemos o busca otros rumbos.

Algunos radicales, sobre todo quienes ostentan cargos en el gobierno, se sienten cómodos en la sociedad con el Pro y la Coalición Cívica, y alientan a su continuidad, pese a la más que escasa -por no decir nula- participación que se le da al radicalismo en las decisiones del Poder Ejecutivo.

Entre ellos figura Mario Negri, diputado nacional y jefe del bloque, que viene de padecer un duro castigo en las urnas cordobesas, en su intento de llegar a la gobernación de la provincia de Córdoba.

A pesar de haber sufrido en carne propia el rechazo que el macrismo cosechó en esas elecciones, Negri parece no preocuparse por el daño que sufre la parcialidad, en una coalición en la que la opinión de sus dirigentes no recibe siquiera mínima atención. Contra viento y marea Negri se mantiene en sus trece:

“En 2015 hicimos una alianza electoral que evitó que el populismo siguiera distribuyendo lo que no existía, y que además, nos alejáramos del mundo de una manera que nunca imaginamos. En segundo lugar, fue una alianza electoral, funcionó muy bien como coalición parlamentaria”

Son declaraciones tan audaces como falsas: mientras hoy el empleo de la capacidad industrial apenas supera el 50 por ciento, durante la administración “populista”, que él tanto denosta, las fábricas trabajaban al 80 por ciento o más. Esto solo demuestra palmariamente que no es que se repartía riqueza inexistente sino que, por el contrario, se trataba de una producción real y tangible, de la que gozaba una población que había elevado su nivel de vida en toda la escala social.

Y tan claro es esto que lo reconocieron textualmente funcionarios de alto nivel, entre ellos la Vicepresidenta Gabriela Michetti o el Presidente del Banco Central Javier González Fraga. Y en tanto durante los años del kirchnerismo se pagaron más de cien mil millones de dólares de la deuda externa, el macrismo tomó deuda por una cifra muy superior.

Todo indica, a la hora de escribir esta nota, que la Convención terminó refrendando la alianza con sus socios de Cambiemos. Un acuerdo de dirigentes que gran parte de la masa radical recibirá con disgusto, como se evidenció en el salón contiguo a aquél en que se desarrollaba el cónclave, con una multitud coreando con entusiasmo el insulto al presidente, musicalizado en lo que se dio en llamar “el hit del verano”.


Muchos argentinos se intrigan con la actitud testaruda de Mauricio Macri, quien insiste en mantener su candidatura presidencial, a pesar de los contundentes datos que aportan las encuestas. ¿Estará dispuesto a morir con las botas puestas, o guarda un as en la manga?


Por cierto, su situación no es nada sencilla: un Jefe de Estado que tenga que aceptar dirimir su candidatura en una interna queda en un estado de enorme debilidad -él y su agrupación- frente a sus socios, y a los posibles electores del espacio, y por tanto minando las posibilidades de éxito de su proyecto.

En estos momento, atendiendo a las adhesiones que concita -la de la CGT es fundamental- todo parece favorecer a la fórmula Fernández-Fernández. El abandono de la sala de 70 convencionales de la UCR antes de la conclusión, los desentendimientos de Alternativa Federal, la opaca indefinición de Massa y los devaneos de Lavagna están indicando una fuerte pérdida de sustento electoral de la “avenida del medio”, que se está convirtiendo en un poco demarcado senderito. Pero la foto es una y la película es otra. Todavía falta mucho por ver y nadie debe dormirse sobre los laureles ni resignarse al infortunio.

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