Milonguita Heredia: “Los militares no se llevaron a mis padres porque el capo era futbolero”

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El ídolo del Barcelona, que aún es valorado y reconocido por el club catalán, admitió que no jugó en la Selección Argentina porque sus padres estuvieron a un paso de ser desaparecidos por la dictadura militar.
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Juan Carlos “Milonguita” Heredia vive hoy en su Córdoba natal junto a su numerosa familia. Sin embargo, recuerda con un poco de nostalgia, y lágrimas en sus ojos, el glorioso paso por el Barcelona, cuando en los años 70 era uno de los ídolos máximos del club que hoy lidera Lionel Messi.

Contó que ganó muchísimo dinero, pero pensó que nunca se acabaría el fútbol para él. “Regalé alrededor de 20 casas a personas que creía mis amigos, pero el día que mi papá necesitó dadores de sangre, ninguno fue a ayudarme y ahí viví la desilusión de la amistad”.

Me di el gusto de llevarlo a mi programa (Mi Otro Yo, todos los viernes a las 21 por Canal C), y por supuesto que lo comparé con la Pulga. Humilde, de los pies a la cabeza, Milonguita fue tajante: “Messi es único, es el mejor, hablamos mucho y nos abrazamos cada vez que voy a Barcelona”.


Hoy vive austeramente con una familia que, emocionado, afirma “es lo más grande que tengo junto a mis verdaderos amigos”. Además cuenta con orgullo que mantiene viva la relación con algunos excompañeros: “Sigo en contacto y tengo los mejores recuerdos. Desde el Barça me invitan a viajar cada tanto y me pagan todos los gastos porque me siguen tratando como un ídolo”.

Volvió a Córdoba en los años 80 y terminó su carrera en River, tras una lesión que aún le genera complicaciones en sus piernas. Asegura ser muy feliz con lo que le tocó vivir y no sintió vergüenza de haber tenido que ponerse al volante de un taxi, cuando se quedó sin dinero.

Sus años pasan y me cuenta que, a veces, siente que todo fue como un sueño.

Si no fuera por las camisetas que lleva consigo (una del Barcelona con la firma de los jugadores actuales y otra que usó en el partido entre Talleres- Belgrano) uno podría confundirlo con cualquier ciudadano. Si hasta se sonroja cuando cuenta que lo paran en las calles de Barcelona para pedirle un abrazo.

Se nota que su corazón generoso sigue intacto, porque en sus tiempos libres se dedica a buscar botines y pelotas para los chicos que no tienen como conseguirlos para jugar al fútbol.

Fuente: El Doce

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