TIEMPO DE DEFINICIONES

EDITORIAL Por
Entrevistado por Gustavo Sylvestre, el precandidato del kirchnerismo Alberto Fernández, dio algunas pautas acerca de como piensa encarar el problema de la restriccion externa, esto es, todo lo que gira alrededor del dólar
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 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

Ya días atrás, hablando de las diferencias que tuvo con la entonces presidenta Cristina Kirchner, de quien era su Jefe de Gabinete, AF mencionó al cepo cambiario, esto es, las trabas a la venta y transferencia de dólares, como uno de los puntos álgidos de esa relación.

Ahora fue enfático al afirmar que en su gobierno no habría tal cepo. Lo hizo pese a reconocer que durante los años del kirchnerismo se fugaron del país cien mil millones de dólares, en tanto que en lo que va del macrismo -alrededor de una tercera parte de aquel lapso- fueron más de 61 mil millones los dólares que se sustrajeron a la economía nacional.

Basta comparar esa masa de divisas que se sustrae a la economía nacional con el dinero prestado por el Fondo Monetario Internacional -hasta ahora 57 mil millones de dólares- para entender el significado de esa fuga: por la necesidad de esas divisas el gobierno debe aceptar hoy una cesión de soberanía que lo ata de manos en cualquier decisión sobre política económica, con el agravante que las recetas de esa entidad se traducen en recesion, desocupación, inflación, hambre.

¿Cuáles fueron las definiciones que dio Alberto Fernández sobre cómo resolver el problema de la fuga en un marco de libertad cambiaria? Mencionó un dólar alto, que desaliente la compra. Esto agrega la virtud de favorecer las exportaciones, pero alimentaría la inflación, que es enemiga de la tan necesaria desfinancierización de la economía: desplazar de la escena el clima timbero revertiría la situación actual, en que en una empresa es más importante el gerente financiero que el de producción.

También el dólar alto, en un país que tiene una fuerte dependencia con las importaciones (los autos, por ejemplo, se integran con más de un setenta por ciento de partes provenientes del exterior) lleva a un incremento de los índices de precios. En este aspecto, el precandidato presidencial deslizó que habría compensaciones para quienes importen insumos industriales estratégicos.

La palabra deslizar es intencional, porque uno de los bastiones del liberalismo es el dólar único, esto es que el precio de la divisa sea el mismo independientemente del destino que vaya a dársele. A nivel doméstico esto sería equivalente a que un padre de familia atienda del mismo modo la demanda de dinero de un hijo para la compra de útiles escolares que la de otro que lo pidiera para destinarlo a la adquisición de alcohol y cigarrillos.

Cierto es que, a pesar de las declaraciones públicas, no hubo ni hay dólar único: las retenciones a la exportación de granos y minerales constituye un buen ejemplo. Y el macrismo debió ceder en este aspecto, frenando el programa de baja de retenciones para la soja, y restableciéndolo para otras exportaciones en las que fue derogado, para paliar la delicada situación del fisco en materia de divisas.

El tipo de cambio múltiple, es bueno decirlo, tiene el inconveniente de alentar maniobras por parte de los operadores para tratar de que los productos que se transan se computen en una franja más favorable que aquella a la que pertenecen. Que no son pocas ni tímidas, porque llegan a los intentos de hacer pasar como insumos a productos terminados destinados al consumidor final. Pero nada es absolutamente impoluto; todo tiene sus pro y sus contras.

AF también habló de aumentar las exportaciones como un modo de aportar divisas. Un propósito en el que todos coincidimos, obviamente. Claro que llevarlo a cabo no es nada sencillo, ni rápido: difícil pedirle más al campo, que ya obtiene cosechas record (a costa de genética, sí, pero también de habilitar para la siembra tierras otrora boscosas, con la tremenda agresión ecológica que implica).

En fin, la movida de Cristina infunde, sin duda, esperanza. Pero el camino no será muy llano. Cuando llegue la hora de las medidas concretas las expresiones “todos juntos” o “entre todos” que forman parte del bagaje discursivo de casi todos los candidatos, irán quedando atrás: cada disposición tendrá beneficiarios y perjudicados, que lucharán a brazo partido en defensa de sus intereses.

¿“Por qué no aceptan que la grieta es buena?” se destacó la voz de Víctor Hugo Morales. La grieta no debe realimentarse, pero hay que reconocerla y lidiar con ella. Para ello se debe comenzar por tener un plan de gobierno tajantemente claro y definido. Alberto Fernández, con la instrumentación a cargo de los hasta ahora poco visibles economistas, sociólogos y politiólogos del grupo Callao, afirma tenerlo. Y no solamente en temas económicos sino en todo lo que hace a la acción de gobierno. Nada de esto ocurre en el campo de Alternativa Federal, y otros espacios, que se mantienen en un discurso acomodaticio que ni siquiera hace explícita si están en de acuerdo con la filosofía de Cambiemos o con la de la oposición. Salvo la izquierda, con una posición tan nítida como alejada de las posibilidades actuales: patear el tablero, pase lo que pase.

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