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author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
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category_name: "OPINIÓN"
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# Más allá de la grieta, por un instante

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**Hay momentos en los que la política descubre, aunque sea por unos días, que existen acontecimientos demasiado grandes para quedar atrapados en la lógica de la confrontación. La visita del papa León XIV parece haber producido ese efecto. No porque las diferencias hayan desaparecido de un día para otro, sino porque obligó a dirigentes de distintos niveles de gobierno, a la Iglesia y a representantes de fuerzas políticas diversas a sentarse alrededor de una misma mesa para resolver un desafío común.**

**En ese escenario apareció una frase de Karina Milei que merece una lectura más amplia que la coyuntura. “El Papa es de todos los argentinos”. La afirmación puede parecer obvia. Sin embargo, en una Argentina acostumbrada a disputar la propiedad simbólica de casi todo —desde los próceres hasta las fechas patrias— recordar que una figura de semejante dimensión trasciende las fronteras partidarias adquiere un significado particular.**

**Lo interesante es que el mensaje estuvo acompañado por gestos concretos. La decisión de impulsar un feriado nacional para la misa central del lunes 9 de noviembre, la convocatoria a gobernadores de todos los signos políticos, la invitación a diputados y senadores sin distinción de bloques y la coordinación entre Nación, Ciudad de Buenos Aires, provincias e Iglesia construyen una imagen poco habitual en el clima político actual. No resuelven los desacuerdos estructurales, pero muestran que todavía existen espacios donde la cooperación resulta posible.**

**La organización de una visita papal nunca es un simple protocolo diplomático. Supone una maquinaria gigantesca de seguridad, transporte, logística y comunicación. Miles de voluntarios, dispositivos sanitarios, operativos de tránsito y coordinación institucional deben funcionar con precisión para recibir a millones de personas. En este caso, además, el itinerario de León XIV recorrerá Buenos Aires, Claypole, Córdoba y Luján, multiplicando el desafío operativo.**

**Precisamente por eso resulta significativo que buena parte de la conversación pública haya girado alrededor de la coordinación y no del conflicto. Los anuncios sobre el transporte gratuito para los voluntarios registrados, la necesidad de reunir unos veinte mil colaboradores para asistir a los peregrinos y la planificación de feriados complementarios en distintas jurisdicciones muestran una dimensión muchas veces invisible: detrás de los grandes acontecimientos también existe una ciudadanía organizada que hace posible su funcionamiento.**

**Los voluntarios representan quizá la cara menos discutida de esta historia. Mientras la política suele concentrar la atención mediática, miles de personas se anotan para orientar peregrinos, organizar accesos o brindar asistencia durante las celebraciones. Ese tipo de participación recuerda que el capital social de un país no siempre aparece en las encuestas ni en los debates televisivos. A veces se manifiesta cuando una convocatoria logra movilizar tiempo, esfuerzo y compromiso sin necesidad de convertir cada acción en una bandera partidaria.**

**También hay un componente institucional que merece atención. La presencia conjunta de autoridades nacionales, funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires, representantes bonaerenses y cordobeses, junto con la conducción de la Conferencia Episcopal Argentina, proyecta una fotografía poco frecuente. En tiempos donde las diferencias entre administraciones suelen ocupar la primera plana, la coordinación para recibir al jefe de la Iglesia Católica introduce un contraste interesante: el Estado puede funcionar de manera articulada cuando existe un objetivo compartido.**

**Naturalmente, nadie debería confundir una tregua circunstancial con una reconciliación permanente. La Argentina seguirá discutiendo presupuesto, economía, seguridad y federalismo. Los gobernadores continuarán negociando con la Casa Rosada. El Congreso volverá a dividirse frente a proyectos controvertidos. Nada indica que esas tensiones desaparecerán después de noviembre.**

**Pero precisamente allí aparece una enseñanza más profunda. Las sociedades maduras no son aquellas donde desaparecen los conflictos, sino aquellas capaces de distinguir entre las disputas inevitables y los momentos que requieren construir consensos mínimos. La llegada de un Papa pertenece claramente a esa segunda categoría.**

**El simbolismo del Palacio Libertad refuerza esa idea. Allí León XIV ofrecerá su primer gran discurso en suelo argentino, luego de su llegada desde Montevideo y de su encuentro con el presidente Javier Milei. Que en esa recepción estén invitados gobernadores, legisladores y autoridades de distintos signos políticos transmite un mensaje institucional que va más allá del protocolo: existen acontecimientos donde la representación colectiva pesa más que las diferencias partidarias.**

**Esa imagen puede tener un efecto interesante sobre la percepción pública. Durante años, buena parte de la ciudadanía se acostumbró a observar reuniones políticas cuyo único desenlace parecía ser un nuevo enfrentamiento. Ver a dirigentes coordinando cuestiones concretas —seguridad, transporte, logística o ceremonial— recuerda que gobernar también consiste en administrar bienes comunes y organizar respuestas compartidas.**

**El propio concepto del feriado encierra una dimensión simbólica. Más allá del descanso laboral que implica, establece una pausa colectiva para participar, observar o simplemente reconocer la trascendencia del acontecimiento. No obliga a compartir una fe determinada, pero sí reconoce que la presencia del líder de una institución con enorme peso histórico y cultural constituye un hecho nacional.**

**Tal vez esa sea la principal lección que deja esta etapa preparatoria. Durante demasiado tiempo, la política argentina pareció convencerse de que todo debía interpretarse bajo la lógica de vencedores y vencidos. La visita de León XIV introduce otra posibilidad: la de construir, aunque sea temporalmente, un espacio donde la identidad común prevalezca sobre las diferencias.**

**La frase de Karina Milei probablemente será recordada por su sencillez. “El Papa es de todos los argentinos.” Su verdadero valor dependerá de si esa lógica consigue sobrevivir más allá de la visita. Porque una democracia no se fortalece únicamente cuando celebra elecciones o debate leyes; también lo hace cuando demuestra que puede organizar un acontecimiento de alcance nacional sin convertirlo en un trofeo partidario.**

**Quizás el mayor desafío comience cuando el avión papal despegue de regreso. Ese será el momento de comprobar si la coordinación institucional fue apenas una excepción dictada por las circunstancias o si dejó instalada una convicción más duradera: que existen causas suficientemente importantes como para obligar, aunque sea por un instante, a bajar las banderas de la confrontación y recordar que el interés común también puede ocupar el centro de la escena.**

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