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title: "El Sapo Cativa, imposible olvidarte"
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date_published: "2026-09-12T18:58:00-03:00"
date_modified: "2026-09-12T19:26:22-03:00"
author_name: "Por José Ademan Rodríguez"
category_name: "PARA LEER EN PANTUFLAS"
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# El Sapo Cativa, imposible olvidarte

![images?q=tbn:ANd9GcQON-8nryX3dihgh5J9RbCcPCquefDLdNQnpBVXDa-IvCh8tUa9PG0io2e7&s=10](https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQON-8nryX3dihgh5J9RbCcPCquefDLdNQnpBVXDa-IvCh8tUa9PG0io2e7&s=10)

Hay personas que terminan siendo **representativas de un lugar, de una época y de una forma de vivir**. Y el Sapo Cativa es, sin dudas, un sinónimo ineludible de Córdoba.

Fue un ser increíble, espectacular, de esos personajes que aparecen una vez y dejan una huella imposible de borrar. **Un humorista como pocos, con una personalidad capaz de hacer reír aun en los momentos más difíciles.**

Su muerte dejó un espacio muy difícil de llenar, porque hay personas que no tienen reemplazo. **El Sapo era único, irrepetible.**

Pero quiero imaginarlo de otra manera. Seguramente estará en el cielo haciendo lo que mejor sabía hacer: **hacer reír**. Y seguramente muchos estarán disfrutando de su presencia, de sus historias, de su humor y de esa manera tan particular que tenía de alegrar la vida de los demás.

Porque a los grandes personajes no se los lleva la muerte. **Se quedan para siempre en la memoria de quienes tuvieron la suerte de conocerlos, escucharlos y quererlos.**

**Y el Sapo, sin dudas, es uno de ellos.**

![FIRMA JOSE ADEMAN](/download/multimedia.normal.bc3551030745ee1b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Buenos Aires, 2 de la mañana...

¿Cómo estará Barcelona cuando llegue esta carta, querido e inolvidable Negro? Tal vez antes no hayan sido demasiados los motivos como para escribirte. Sabía que, en cierto momento, me comprendieras el hecho de escribirte ahora... **Ahora suma todas mis intenciones, todos mis momentos en que pensé en esas circunstancias por las cuales pasé en Barcelona.** Tengo la seguridad de que esta carta, falta de noticias, te dará más alegría que decirte tal o cual cosa, porque sabes, es hacerte saber el más poquito de tiempo, a esta altura de mis años, que son pocos, pero sinceros. **Puedo ahora decir que tengo, con seguridad, la dicha de tener amigos como vos...**

Tal vez la radio no fue suficiente, no creo haya sido la distancia, **seguro que fue un bife compartido, un tango y un departamento con características de “templo” lo que nos hizo definitivamente amigos.** Desde una ventana, mirando al cielo, enviándote un beso a través de cuatro o cinco estrellas, que serán los satélites naturales, los encargados de que mi saludo, lleno de todos mis mejores recuerdos y mis más profundos deseos, **de que tu hombría y tu vida sea como vos te lo mereces.**

Tu amigo Sapo...

Salud.

**Me acordé que era tu cumpleaños, el día de los enamorados. Hoy es 14 de febrero, un día para la amistad, que a veces es mejor que el amor...**

Ahora les cuento, pasados unos años, cómo encontré en Barcelona al Sapo...

Estaba yo trabajando en el Hospital San Rafael cuando una enfermera me dijo:

—Doctor, lo busca un señor de aspecto raro y una camiseta de fútbol que parece ser de la Real Sociedad y lleva puesto un sombrero llamativo.

Me acerco a la puerta, me asomo al pasillo, **no salía de mi asombro. Desde mi época de la radio que no lo veía...** En aquel programa “Nosotros los Cordobeses”, con la Rina, el doctor Hairabedian y el Sapo, que debutaba en la radio...

Mirando a la enfermera le dije:

—No, María Jesús, no es de la Real Sociedad, **es la camiseta de Talleres de Córdoba, lo que pasa es que son casi iguales...**

Lo llevé a casa por unos días, que se me hicieron pocos... **Se quedó como seis meses, para mi alegría.** Gracias al cantor de tango Fernando Ríos Palacio, consiguió trabajo en el famoso local 240. Jugábamos al fútbol en los entrenamientos nocturnos del Club Independiente, donde yo jugaba, y así se quebró ante una fuerte trabada de un defensor, **lo cual significó que se retiró del fútbol.**

¡Ah! **Me olvidaba que el Sapo me quitó una novia y no era una rana...**

Me alegró recibir una carta manuscrita, porque simbolizaba **una época romántica**, con el clásico cartero que ya lo conocíamos (que venía cargado, el pobre). Lo que más recuerdo de esa carta era el final de alguna novia, **con sus labios marcados en el papel color rojo pasión...**

Ahora son tan sosas y no las esperábamos con ansias, porque son para pagar deudas nada más.

Que si Endesa (factura de luz, gas, Hacienda, etc.), que se las podrían perder por el culo, y además no conocemos al cartero porque te lo dejan en el buzón de casa.

**EL CARTERO POR HÉCTOR GAGLIARDI**

**![images?q=tbn:ANd9GcSE4fU_FZYuAVG5SVJwIZZqsNMHClQXrvQEmg1plnc_OMoaB_N7ELoZH2Ed&s=10](https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSE4fU_FZYuAVG5SVJwIZZqsNMHClQXrvQEmg1plnc_OMoaB_N7ELoZH2Ed&s=10)**

Viene con paso ligero, camina un poco encorvado  
y se inclina del costado donde trae lo que yo espero.  
Pero pasa y yo me muero de rabia, de desconfianza,  
y se lleva mi esperanza, como siempre, ese cartero.

Un cartero que hasta ayer nunca supe que existía.  
Es decir, yo lo veía llegar al atardecer.  
Mas eso de padecer y de esperar su llegada,  
francamente no esperaba que habría de suceder.

Y entre esperar y esperar comprobé de que ese hombre  
llevaba con su uniforme un sello de dignidad,  
**una prueba de lealtad que todos les confiamos,  
pero en quien nadie pensamos cuando la deja y se va.**

Un hombre que diariamente lleva dolor y alegría,  
nombramientos, cesantías, con su andar indiferente,  
reparte tranquilamente durante meses y años  
**hoy los fríos desengaños, como ayer amor ardiente.**

Todo lleva el cargamento que en su hombro va colgado,  
entre sobres enlutados, los felices nacimientos,  
junto a nuevos casamientos van rupturas de noviazgos,  
como extravíos y hallazgos de la vida en movimiento.

Viene, se acerca, se va, abrumado por su carga,  
**ruleta que nos amarga o nos trae felicidad.**  
Cartero de la ciudad que te preocupa el horario,  
**quiero ser destinatario en tu sobre de amistad.**

Porque afuera es diferente, lo conocen los vecinos,  
y allá va por los caminos galopando alegremente.  
**Es amigo y confidente de todos los del lugar,  
que le vienen a contar su dolor abiertamente.**

Ninguno le oculta nada, confían en su reserva,  
y el temor de que se pierda la respuesta tan ansiada  
traiciona a la enamorada que se vende al preguntar  
cómo tarda en contestar y se pone colorada.

Entiende de la amargura de la viejita que espera  
al oírle cuando llega: “¿Y para mí no hay ninguna?”.  
Y él revisa una por una, mas ya sabiéndolo fijo  
**que no hay carta de ese hijo que así paga su ternura.**

Pero tarda en contestar para no causarle más daño  
y hasta llega con engaños a quererla consolar.

—El tren se atrasó en llegar —le dice medio tosiendo—.

Y calla porque está viendo que ella se echó a llorar.

Ya no silba alegremente, se le nubló la mañana.  
Le brilla más la mirada al irse penosamente,  
mientras piensa tristemente:

**“Si ese ingrato lo supiera,  
que la pobre sólo espera  
cuatro líneas solamente”.**

Y allá va, allá va como el destino llevando llantos y besos,  
**hormiguita del progreso por la orilla del camino,  
esforzado peregrino que manda la sociedad  
a cruzar la inmensidad de los campos argentinos.**

Al final de la carta manuscrita, las novias dejaban esta impronta, **mezcla de ternura y deseo.**

Con la experiencia del Rudy Arrieta, que se quedó casi un año en mi casa y actuó en diversos lugares de Barcelona, lo operaron muy malamente en Córdoba. **Suerte que yo trabajaba en el Hospital San Rafael, donde lo ingresé de urgencia...**

Previendo que el Sapo andaba con un carraspeo sospechoso de algún enfisema o alguna complicación pulmonar por culpa del cigarrillo...

**El Sapo, tal como lo cuenta a Berbisky, al parecer falleció culpa del cigarrillo...**

Gran recitador era el Sapo, pero no sabía que escribía muy bien, y pruebas al canto: **le dedicó una poesía a la enfermera que lo atendió en el Hospital San Rafael**, para lo cual estuvo tres días concentrado en mi casa sin hablarme.

Y puso lo siguiente:

**La vi por última vez en la terraza del bar del hospital, a la hora de los secretos fatigados...**

Cuando el crepúsculo pinta de melancolía el derroche verde del Tibidabo...

**Ahí estaban, ella y sus ojos... sus ojos...**

Exaltación del misterio del amor...

Elegía de la promesa que revelan, fijan los enigmas, alumbrando la magia en un batir de pestañas...

Los últimos destellos del sol agonizante ponían lentejuelas y coral en sus mejillas...

Y al tapiz oliva, que baja del Cristo, ella le pone el contraste de su pelo lacio azabache, con matices de azul noche.

**Y duendes picarescos se columpian en sus hoyuelos...**

Son los mismos que crearon sus ojos con polvillo de azúcar moreno y trocitos de canela fina para recrear el paisaje, sin perder jamás el asombro infantil que habita en sus pupilas...

Ayer la vi por última vez con su cigarrillo, que maneja con destreza de artista. **Las volutas le ponían un aura envolvente a la elipse de las golondrinas que comenzaban a pintar la primavera...**

¿Y ocurrió el milagro? **El jardín del hospital, siempre vacío de niños, se pobló de enanitos que entonaban aleluyas de novios ausentes...**

Eros, Dionisio y Baco dejaron por un instante el vino y los goces, para entonar una sonatina, en tanto el capellán ensayaba una plegaria con inflexiones sensuales...

Las hermanas se apuntaron con una habanera y un cremat, encendiendo fogatas a la orilla de la piscina...

Las batas de blanco impersonal de los doctores tomaron los colores de carnaval de Río...

Los tímidos se atrevieron con lo del amor, inventando pecados nuevos. Hasta los jefes se quitaron la máscara de la seriedad, tartamudeando como los enamorados primerizos...

Los cuatro o cinco miserables hierbajos de la reja del balcón se transformaron en gladiolos, hortensias y magnolias...

**Para que el perfume retorne a la flor...**

Ella seguía imperturbable con su media sonrisa...

Ya caía la tarde, cerró los ojos, metiéndose en sí misma, se recogió el cabello, levantó su pocillo de café y se fue. **Yo presagiaba mi final cuando me derivaban a rayos.** Todo lo tememos a esa placa rectangular, retrato negativo de muerte sospechada, detección precoz de lo irreversible, en blanco y negro, con grises difuminados y halos opalescentes, radiopaco y radiolúcido como la luz y la noche, en el nacer y el morir...

**Ahí la vi por primera vez, pulsando un botón, y verla fue pasar de los rayos y encontrar el alba florecida de un jardín granadino en el embrujo de sus ojos...**

**Dos luceros que atravesaron mi interior.** Era la dueña del secreto que Roetgen no vislumbró. Ella irradiaba...

Revelaba cosas, pero grandes, que las placas no registran: **las ideas al desnudo, ni la esperanza, ni las tristezas, ni el marrón de las miserias.** Sus ojos, que traspasan plomos, corazas, prejuicios y miedos, **parecían un canto a la vida...**

“Vamos, hombre”.

**Me dijo que aún se puede con la vida...**

Esa noche tuve un sueño hermoso. Ella me miraba desde el trasfondo de una radiografía pintada con acuarelas y, guiñándome un ojo, **me auguró una larga vida...**

Era 23 de abril. **Sus ojos seguirán pintando las rosas que no pude regalarle...**

El bar cerraba. Puso el sobre con la radiografía bajo el brazo y me fui.......

P. D.: **A mí me hubiese gustado aprender a hacer reportajes como Luis Beresoski, persona a la que admiré profundamente porque, aparte de su maestría, maneja el don de la empatía, metiéndose en el interior del protagonista.**

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