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title: "Pegarse un tiro en el pie"
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date_modified: "2026-08-03T23:11:42-03:00"
author_name: "Ricardo ZIMERMAN"
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category_name: "OPINIÓN"
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# Pegarse un tiro en el pie

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**Por RICARDO ZIMERMAN**

**x: @RicGusZim1**

**Hay declaraciones que buscan entusiasmar a la propia tropa, aunque terminen provocando el efecto exactamente contrario en aquellos a quienes también deberían dirigirse. Y existen discursos que, en lugar de construir una alternativa de poder, consolidan las razones por las cuales una parte importante de la sociedad decidió cambiar de rumbo. Las recientes afirmaciones del gobernador riojano Ricardo Quintela parecen inscribirse en esa categoría. No porque expresen una posición ideológica determinada, sino porque reabren un debate que la Argentina ya atravesó demasiadas veces y cuyas consecuencias todavía permanecen frescas en la memoria colectiva.**

**Prometer nacionalizaciones, anticipar expropiaciones y advertir que un futuro gobierno revisará todo lo realizado por la administración actual puede sonar atractivo para un núcleo duro convencido de esas ideas. Sin embargo, el mensaje que termina llegando al resto de la sociedad es muy distinto. Lo que escucha un empresario, un pequeño inversor o cualquier ciudadano que evalúa emprender una actividad económica es que las reglas del juego seguirán dependiendo del color político de quien ocupe la Casa Rosada. Y esa es, precisamente, una de las principales razones por las cuales el país lleva décadas sin consolidar un horizonte de previsibilidad.**

**La política argentina parece no aprender de sus propios errores. Cada administración intenta borrar lo realizado por la anterior y presentar su programa como el punto de partida de una nueva etapa fundacional. Esa lógica de permanente refundación impide construir instituciones estables y desalienta cualquier proyecto de largo plazo. Cuando desde la oposición se anticipa que determinadas decisiones serán revertidas antes incluso de regresar al poder, el mensaje trasciende la coyuntura electoral y afecta directamente la confianza, un activo mucho más difícil de recuperar que cualquier indicador económico.**

**Resulta llamativo que esas expresiones aparezcan precisamente cuando el peronismo intenta reconstruir una propuesta competitiva con vistas a las próximas elecciones presidenciales. Después de la derrota sufrida frente a Javier Milei, numerosos dirigentes coincidieron en que era imprescindible revisar errores, escuchar el mensaje de las urnas y elaborar una oferta política capaz de interpretar una sociedad distinta. Sin embargo, algunas voces parecen empeñadas en demostrar que ese proceso de reflexión nunca comenzó o, peor aún, que no existe voluntad de recorrerlo.**

**Las dificultades para alcanzar la unidad interna constituyen otro síntoma de esa realidad. El encuentro promovido por Quintela en La Rioja dejó al descubierto que las diferencias entre los distintos sectores del peronismo siguen lejos de resolverse. La presencia de algunos referentes relevantes contrastó con la ausencia de otros dirigentes de peso, una señal de que las disputas por el liderazgo continúan condicionando cualquier intento de reorganización política. La foto buscada terminó siendo incompleta y reflejó con mayor nitidez las fracturas existentes que la unidad que se pretendía exhibir.**

**En ese contexto, las declaraciones sobre eventuales nacionalizaciones parecen responder más a una necesidad de reafirmar identidad frente al propio espacio que a la construcción de una mayoría social. El problema es que las elecciones nacionales no se ganan únicamente consolidando a los convencidos. También requieren persuadir a quienes alguna vez acompañaron al peronismo y luego optaron por otras alternativas. Difícilmente ese electorado vuelva a sentirse representado si percibe que las respuestas ofrecidas son las mismas que, en gran medida, contribuyeron al desgaste político de los últimos años.**

**No deja de ser paradójico que mientras algunos dirigentes buscan transmitir señales de moderación y ampliar la base electoral mediante acuerdos con sectores diversos, otros insistan con un lenguaje de confrontación que inevitablemente reactiva viejos temores. La política necesita debatir modelos económicos, discutir prioridades sociales y confrontar proyectos de país. Lo que difícilmente contribuya a ese objetivo es instalar la idea de que cada cambio de gobierno implicará revisar contratos, redefinir derechos de propiedad o reabrir conflictos que parecían superados.**

**La cuestión adquiere todavía mayor relevancia porque coincide con la discusión parlamentaria sobre la reforma de la Ley de Tierras. Ese debate ya despierta suficientes controversias respecto del equilibrio entre apertura económica, inversión extranjera y protección de recursos estratégicos. Introducir en ese escenario amenazas de futuras expropiaciones solo incrementa la incertidumbre y dificulta cualquier intento de construir consensos legislativos duraderos.**

**La Argentina necesita inversiones para crecer, generar empleo y ampliar su capacidad productiva. Pero el capital, sea nacional o extranjero, no se moviliza únicamente por las oportunidades de rentabilidad. También observa el grado de seguridad jurídica, la estabilidad institucional y la previsibilidad política. Cuando un dirigente con aspiraciones nacionales anuncia que un eventual gobierno podría revertir decisiones adoptadas por la administración anterior mediante nacionalizaciones o expropiaciones, el mensaje trasciende la disputa partidaria y alcanza directamente a quienes deben decidir dónde colocar sus recursos.**

**Nada de esto implica que un futuro gobierno no pueda revisar políticas públicas o modificar leyes. Esa es, precisamente, una facultad propia de cualquier democracia. La diferencia radica en el modo de plantearlo. Existe una enorme distancia entre proponer reformas dentro del marco institucional y anticipar medidas que evocan algunos de los episodios más conflictivos de la historia económica reciente. Las palabras importan porque generan expectativas, y las expectativas condicionan comportamientos económicos mucho antes de que las decisiones efectivamente se materialicen.**

**Quizás el mayor desafío del peronismo consista en comprender que el país ya no discute únicamente modelos ideológicos. La sociedad reclama estabilidad, reglas claras y capacidad de gestión. Puede aceptar diferencias sobre el tamaño del Estado, el nivel de intervención pública o la orientación de la política económica. Lo que parece cada vez menos dispuesta a tolerar es la incertidumbre permanente. En ese escenario, instalar nuevamente el fantasma de las expropiaciones no fortalece una alternativa de gobierno. Más bien parece un ejemplo acabado de cómo pegarse un tiro en el pie.**

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