MIRADO POR LOS PERROS

EDITORIAL Por
Una nueva disposición conocida en los últimas horas impone una restricción cambiaria tanto o más severa que el que se denominó “cepo”. Las consecuencias son difíciles de prever, pero los analistas las califican como de extrema seriedad
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 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

Por si algún traspié le faltaba, el Presidente, ya contra las cuerdas y cacheteado por los más importantes actores de la vida nacional, tuvo que recibir un palazo de parte de alguien a quien no podía replicar: el arzobispo de Salta.

Un mal rato -esta vez público- que viene a sumarse al “fuira perro!” que recibió de la Unión Industrial Argentina cuando intentó saludar al sector en el Día de la Industria. Claro que pueden verse noticias que refieren que fue Mauricio Macri quien desairó a los industriales anunciando que no estaría presente en la conmemoración.

Vaya uno a saber; lo real es que la relación entre el gobierno y los capitanes de las empresas del sector están en un pésimo momento. Tan es así que ya quedó instalado en la sociedad el convencimiento de que la política de Cambiemos no tenía por objeto promover la empresa para incrementar la oferta laboral y generar rentabilidad para que esa riqueza obtenida derrame hacia los sectores menos favorecidos.

A través de los casi cuatro años de gobierno, lo que demostró el macrismo fue que sus esfuerzos estuvieron dirigidos a beneficiar solamente a un pequeñísimo grupo de empresarios ligados al Presidente, sus familiares, amigos y aliados selectos.

El portal Mundo Empresarial, que se define como “La voz de las PYMES”, recoge palabras de alguien a quien refiere como “una fuente encumbrada de la UIA”:

"Está claro que este Gobierno no tiene más poder. El problema es ver cómo atravesamos estas catorce semanas porque la crisis que se avecina es muy grande y tememos que no exista una red de contención para apaciguar los justos reclamos que se están viendo en las calles"

Sin duda, independientemente del lado que generó el desencuentro, ya no queda margen para un entendimiento; en verdad, ni siquiera para un diálogo.

Y cómo no mencionar, en este contexto, lo ocurrido en el propio campo del oficialismo, cuando en las PASO el ingenio de quienes veían peligrar su candidatura por la presencia del Presidente en la boleta llevó a plegar a ésta de tal manera de ocultarlo a la vista del votante. Pero para octubre, la tendencia se acentúa, y muchos intendentes de la provincia de Buenos Aires salen a promover el corte de boleta. Hace unos días Matías Russo Coroman, desde Infobae, publicaba una nota en la que comentaba un video que circula promoviendo el rescate de los intendentes que serían perjudicado por compartir la boleta con los candidatos macristas.

“De repetirse el resultado de las PASO, Juntos por el Cambio podría perder una veintena de municipios”, señala el artículo al dar a conocer que “Comenzó a circular un video donde se promueve respaldar la gestión de los jefes comunales de Cambiemos aunque se vote por el kirchnerismo a nivel nacional y provincial”.

Desde un pasado bastante lejano, llega el recuerdo de un estadio de fútbol cordobés en el que la tribuna recibió al entonces comandante en jefe del ejército y miembro de la última junta militar de la dictadura con un cántico que decía "Nicolaides, Nicolaides, a vos no te quiere naides".

Finanzas al rojo vivo

Las finanzas públicas están dejando atrás la calma que se instaló con la devaluación y las medidas de restricción cambiaria, así como con las tibias disposiciones de alivio a la situación de la parte más castigada de la sociedad, entre ellas la que eliminaba el IVA a un grupo de productos de primera necesidad.

Esa tranquilidad, quedó claro, no era auténtica ni gratuita. Ya que estamos en la época en que desde las fuentes gubernamentales se recurre con frecuencia a la metáfora, podemos usar una antigua y muy apropiada para el momento: la calma se mantuvo simplemente dejando que la presión se elevara en la caldera, y llegara en el momento actual a acercarse a la presión de estallido.

Esto ocurre tanto por una acción del gobierno como por el aprovechamiento de los mercados para llevar a cabo un interesante negocio. Cada vez que el valor del dólar se contiene artificialmente, recurriendo por ejemplo a que el Banco Central ofrecezca divisas al mercado a un precio bajo, que está fuera de equilibro, se genera lo que se denomina un seguro de cambio. Esto significa que en un entorno inflacionario, en el que tarde o temprano el precio del dólar se ajustará a un nuevo equilibrio, se permite que los especuladores cambien sus dólares por pesos, pongan éstos a interés mediante plazos fijos u otros instrumentos financieros, y -en el momento oportuno- recompren sus dólares obteniendo una interesante diferencia.

Es obvio que al final del ciclo esa ganancia se logra a costa de las arcas estatales, es decir de toda la sociedad. Y en estos momentos ya estamos en una situación a punto de explotar. Las reservas del Central se están agotando a un fuerte ritmo, acercándose a cero. Las cifras oficiales muestran que ya se rompió el piso de cincuenta mil millones de dólares. Como es sabido, este número refleja la suma de una serie de “tenencias” que no son propias. Entre ellas se cuentan los depósitos en dólares de los ahorristas, los pases con China y otros activos que no son utilizables. Los dólares de “libre disponibilidad”, que la autoridad monetaria puede usar, se están agotando. Y es que hay compromisos de pago y necesidades de importación, no solamente billetes verdes para lanzar al mercado a cambio de pesos.

Para las soluciones a esta situación extremadamente crítica, los actores económicos y sociales, nacionales y extranjeros, se centran en quien es por ahora apenas un candidato, del que no se duda que será finalmente el próximo presidente. De Macri nadie parece acordarse, aunque él insista en inauguraciones que se llevan a cabo en escenarios teatrales, que se ubican en los pocos reductos favorables que le quedan al oficialismo.

Todo esto se desarrolla en un marco de absoluta indiferencia popular, tanto que los obreros que rodean al Presidente en esos actos parecen ser -o tal vez sean, realmente- actores contratados al efecto.

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