
Estados Unidos y Arabia Saudita alistan acuerdo para desarrollo de energía nuclear
INTERNACIONALES Simón DERONDA
El presidente estadounidense, Donald Trump, dio luz verde a un pacto nuclear de 30 años con Arabia Saudita, abriendo la puerta para que el reino de la península arábiga obtenga la capacidad de enriquecer uranio en su propio territorio. La medida, revelada por The Wall Street Journal, contempla la participación de empresas norteamericanas en el desarrollo del programa atómico saudita e incluye la construcción de una planta de procesamiento tras la realización de estudios conjuntos, con miras a un anuncio oficial en los próximos días.
La decisión de la Casa Blanca busca formalizar la cooperación energética comercial, pero enfrenta una firme resistencia en el Congreso de Estados Unidos. Legisladores de diversos sectores y expertos en seguridad han expresado su profunda preocupación ante el riesgo de una carrera de armamento nuclear en Medio Oriente. El principal punto de conflicto radica en que el preacuerdo no exigiría el Protocolo Adicional del OIEA, una herramienta clave que permite inspecciones sorpresa y controles internacionales estrictos. Sin este mecanismo de salvaguardia, expertos advierten que poseer centrífugas activas facilitaría el camino hacia un eventual programa militar.
El entendimiento se produce en un contexto geopolítico extremadamente delicado, marcado por el enfrentamiento militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, cuyo detonante central es precisamente el frenar el avance atómico de Teherán. Paralelamente, el príncipe heredero Mohammed bin Salman ha dejado claro en reiteradas ocasiones que Riad buscará desarrollar un arsenal nuclear si Irán logra fabricar la bomba. La inquietud regional se intensifica tras el reciente pacto de defensa mutua entre Arabia Saudita y Pakistán, donde la nación asiática insinuó que su capacidad atómica estaría a disposición de los sauditas ante cualquier agresión.
El proyecto de Riad contrasta con el "estándar de oro" fijado por sus vecinos, los Emiratos Árabes Unidos, que firmaron el "Acuerdo 123" con Washington renunciando explícitamente a enriquecer su propio uranio a cambio de tecnología civil. Ahora, el texto acordado por la administración Trump pasará al Capitolio estadounidense, donde los congresistas prometen revisar minuciosamente las garantías de no proliferación. El debate internacional queda así abierto entre el impulso a la industria nuclear comercial y el peligro inminente de desestabilizar aún más el tablero de seguridad en la región.


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