La morosidad en créditos sigue en niveles críticos, aunque apareció una primera señal de alivio

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La morosidad en créditos no bancarios bajó en marzo pero sigue en niveles récord
  • Más de uno de cada cuatro préstamos presenta problemas de pago
  • Las cadenas de electrodomésticos muestran los mayores niveles de incumplimiento
  • Los créditos considerados irrecuperables continúan creciendo con fuerza
  • El Banco Central descartó implementar rescates para familias endeudadas
  • El Gobierno espera que la desaceleración inflacionaria ayude a mejorar la capacidad de pago

El endeudamiento de las familias argentinas continúa mostrando números preocupantes, pero en marzo apareció un dato que el Gobierno observa con atención y que podría representar una primera señal de alivio tras meses de deterioro sostenido. La morosidad en los créditos no bancarios registró una leve baja respecto de febrero y quebró, al menos momentáneamente, la tendencia ascendente que se había profundizado desde la crisis cambiaria y el fuerte incremento de las tasas de interés.

Aunque los niveles de incumplimiento siguen siendo históricamente elevados, la irregularidad en el segmento del crédito no bancario descendió del 29,9% al 27,5%. La reducción todavía resulta insuficiente para hablar de una recuperación consolidada, pero ofrece un respiro dentro de un escenario financiero que viene golpeando con fuerza a los hogares.

El dato resulta especialmente relevante porque este tipo de financiamiento es utilizado por amplios sectores de la población que no acceden fácilmente al sistema bancario tradicional. Allí se incluyen préstamos otorgados por billeteras virtuales, compañías financieras, cadenas de electrodomésticos y comercios que ofrecen cuotas para consumo cotidiano.

Durante los últimos meses, este segmento había mostrado un deterioro acelerado. Las familias comenzaron a enfrentar crecientes dificultades para sostener los pagos en un contexto marcado por caída del poder adquisitivo, aumento de tarifas y encarecimiento del costo de vida.

Pese a la leve mejora observada en marzo, los niveles de mora continúan siendo extremadamente altos. Actualmente, más de uno de cada cuatro créditos no bancarios presenta problemas de pago. Se trata del registro más elevado desde que existen mediciones para el sector, incluso por encima de los valores alcanzados durante el momento más crítico de la pandemia en 2020.

El deterioro también se verifica en el sistema financiero tradicional, aunque con menor intensidad. La morosidad en los créditos bancarios al consumo se ubica en torno al 11%, un porcentaje considerablemente inferior al del crédito no bancario, pero que igualmente refleja dificultades crecientes entre los deudores.

Los datos muestran además un fenómeno preocupante: el crecimiento sostenido de las categorías más graves de incumplimiento. Los créditos considerados de “riesgo alto”, con atrasos de entre seis meses y un año, aumentaron de manera significativa durante el último período. Más delicada aún es la expansión de los préstamos catalogados como “irrecuperables”, es decir, aquellos con más de un año de mora.

Ese segmento se convirtió en uno de los principales focos de preocupación para las empresas financieras y comerciales. La acumulación de deuda de muy difícil cobro amenaza con impactar sobre la rentabilidad del sector y limita además la posibilidad de expandir el crédito en el futuro.

Dentro de los rubros más afectados aparecen las cadenas de electrodomésticos, donde la morosidad llegó a niveles cercanos al 40%. El dato refleja la fragilidad de un consumo sostenido durante años mediante financiamiento en cuotas y que ahora enfrenta mayores dificultades para sostenerse.

En paralelo, el crédito no bancario mostró en marzo una contracción real del 1,4%, señal de que también empieza a disminuir la demanda o la capacidad de otorgamiento de nuevos préstamos. El mercado financiero informal o alternativo, que durante años funcionó como refugio para sostener el consumo, comienza a mostrar señales de agotamiento.

Desde el Gobierno siguen de cerca la evolución de estos indicadores porque impactan directamente sobre el consumo y el clima económico general. Una mejora en la morosidad podría interpretarse como un síntoma de estabilización gradual en los ingresos familiares y de cierta recomposición financiera de los hogares.

Sin embargo, el panorama continúa siendo delicado y el propio Banco Central descartó cualquier tipo de rescate o asistencia especial para deudores en problemas. El presidente de la entidad, Santiago Bausili, dejó en claro que el Ejecutivo no avanzará con planes de alivio para familias endeudadas y sostuvo que serán las propias entidades financieras las que deberán ofrecer soluciones o renegociaciones a sus clientes.

La estrategia oficial apuesta a que la desaceleración inflacionaria y la estabilidad macroeconómica permitan, con el tiempo, mejorar la capacidad de pago. Mientras tanto, millones de argentinos continúan ajustando gastos y reordenando sus finanzas para evitar caer en incumplimientos cada vez más difíciles de revertir.

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