Argentina se encareció en dólares y vuelve el debate por el atraso cambiario

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La inflación volvió a ganarle al dólar durante el primer cuatrimestre
  • Argentina comenzó a encarecerse nuevamente en términos internacionales
  • Los alimentos y la indumentaria lideran las mayores subas en dólares
  • El país figura entre los más caros del mundo para comprar ropa y calzado
  • El ingreso de divisas ayudó a sostener la calma cambiaria pese a la inflación
  • Economistas debaten si el nuevo atraso cambiario puede ser sostenible a largo plazo

La combinación entre inflación persistente, dólar relativamente estable y fuerte ingreso de divisas volvió a instalar una discusión histórica en la economía argentina: el atraso cambiario. Durante el primer cuatrimestre de 2026, el tipo de cambio real registró una marcada apreciación y el país comenzó a mostrar un deterioro en su competitividad de precios frente al resto del mundo, especialmente en bienes de consumo masivo e indumentaria.

Los datos difundidos por el Banco Central reflejan que el tipo de cambio real alcanzó en abril su nivel más bajo desde mayo de 2025. El indicador quedó incluso por debajo de los valores registrados en 2017, otro período recordado por la pérdida de competitividad cambiaria, aunque todavía por encima de los niveles observados en 2015.

El fenómeno responde a una dinámica económica particular. Por un lado, el mercado cambiario transitó meses de relativa calma gracias al ingreso de dólares provenientes de la cosecha agrícola, exportaciones vinculadas al complejo sojero y colocaciones de deuda privada. Esa abundancia de divisas permitió contener el precio del dólar oficial y reducir tensiones en el Mercado Libre de Cambios.

Sin embargo, mientras el dólar permanecía relativamente quieto, los precios internos siguieron avanzando. La inflación volvió a acelerarse impulsada por ajustes en tarifas, aumentos estacionales y subas sensibles en alimentos como la carne. En marzo, el Índice de Precios al Consumidor alcanzó el 3,4%, el registro mensual más alto del último año y una señal de que el proceso de desinflación enfrenta obstáculos cada vez más visibles.

Ese desfasaje entre dólar e inflación provocó un encarecimiento de los bienes y servicios argentinos medidos en moneda estadounidense. Un informe de la Fundación Mediterránea confirmó esa tendencia al comparar precios locales con los de nueve países, entre ellos Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Francia, Australia y China.

Uno de los rubros donde más se percibe el fenómeno es el de alimentos y bebidas. Según el relevamiento, en diciembre de 2025 el 39% de los productos argentinos eran más caros que en el exterior. Apenas cuatro meses después, el porcentaje trepó al 47%. Entre los productos que más aumentaron su precio relativo aparecen la carne vacuna, la cerveza y las papas.

El informe también muestra diferencias marcadas según el país utilizado como referencia. China y Brasil exhiben una gran cantidad de productos considerablemente más baratos que Argentina, mientras que economías desarrolladas como Australia, Estados Unidos y Francia mantienen precios más elevados. Aun así, los analistas remarcan que en los últimos meses los valores argentinos comenzaron a acercarse peligrosamente a los europeos, algo poco habitual para una economía históricamente más barata en dólares.

Pero donde la brecha resulta más contundente es en bienes durables e indumentaria. Allí, el 81% de los productos relevados presentan precios más altos en Argentina que en el resto de los países analizados. La diferencia se observa especialmente en electrónica, automóviles, motos, ropa y calzado.

El caso de la indumentaria vuelve a aparecer entre los más llamativos. Argentina figura entre los países más caros del mundo para comprar jeans, zapatillas y vestidos de marcas internacionales. Incluso algunos productos superan en precio a todos los mercados incluidos en la comparación.

Especialistas atribuyen este fenómeno a una combinación de protección comercial, restricciones históricas a las importaciones y elevada presión tributaria interna. Aunque en el último tiempo hubo cierta apertura económica y reducción de algunos impuestos, el impacto todavía resulta insuficiente para corregir las distorsiones acumuladas durante años.

En materia de servicios, el panorama es más heterogéneo. Argentina aparece relativamente cara en restaurantes, aunque mantiene costos más bajos en transporte público, cuotas de gimnasio, expensas, combustibles y algunos servicios educativos. En telefonía e internet, la comparación internacional muestra valores más equilibrados.

Pese al encarecimiento reciente, distintos estudios sostienen que Argentina todavía se encuentra levemente más barata que el promedio regional si se toma como punto de partida el inicio de la gestión de Javier Milei. De acuerdo con relevamientos privados, el país quedó cerca de un 4% por debajo del promedio latinoamericano en términos relativos, aunque algunos rubros específicos ya superan ampliamente a los vecinos de la región.

La discusión de fondo gira ahora alrededor de la sostenibilidad de este esquema cambiario. A diferencia de otros períodos de atraso cambiario, hoy no se observa un desequilibrio grave en la balanza de pagos. El crecimiento proyectado de las exportaciones energéticas, mineras y gasíferas aparece como uno de los factores que podrían sostener un tipo de cambio relativamente bajo sin desembocar necesariamente en una crisis externa.

Ese escenario abre un debate económico central para los próximos meses: si la apreciación del peso es una anomalía transitoria o el anticipo de una nueva estructura económica donde Argentina deje definitivamente atrás su histórica lógica de dólar alto y salarios deprimidos.

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