SanCor: la quiebra de un gigante devorado por décadas de mala gestión

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La caída de SanCor no es un accidente ni una fatalidad del contexto: es el resultado previsible de años de decisiones erráticas, administraciones fallidas y una dirigencia incapaz de corregir el rumbo a tiempo. La declaración de quiebra dictada por la Justicia de Rafaela no hace más que oficializar un derrumbe que llevaba demasiado tiempo gestándose.

El fallo del juez de Rafaela Marcelo Gelcich fue contundente. La propia empresa reconoció su insolvencia y selló así el fracaso del concurso preventivo. No hubo margen para interpretaciones: la cooperativa dejó de ser viable mucho antes de este desenlace formal. Lo que siguió fue apenas una prolongación artificial de la agonía.

“SanCor no cayó de un día para el otro: fue empujada durante años por gestiones incapaces de ordenar sus cuentas y adaptarse a una realidad cada vez más exigente.”

El deterioro financiero no solo fue constante, sino que se profundizó incluso bajo tutela judicial. Mientras la empresa intentaba reestructurarse, seguía generando deuda a un ritmo insostenible, acumulando pasivos millonarios mes a mes. La incapacidad para generar ingresos suficientes y sostener la operación dejó en evidencia una estructura completamente desfasada.

“Los números no mienten: deudas millonarias, salarios impagos y compromisos incumplidos son la radiografía de un modelo que colapsó por su propio peso.”

Más de 12.700 millones de pesos en sueldos adeudados, miles de millones en obligaciones fiscales y una deuda comercial gigantesca no son solo cifras: son el reflejo de una conducción que perdió el control. A esto se suman compromisos en dólares que terminaron de asfixiar a la cooperativa. La insolvencia ya no era coyuntural, sino estructural.

La continuidad operativa parcial que dispuso la Justicia busca evitar un daño mayor, pero no cambia el diagnóstico de fondo. Permitir que algunas plantas sigan funcionando bajo esquemas limitados es apenas una medida de contención para proteger a los trabajadores y evitar un colapso inmediato en la cadena láctea.

“Hoy se intenta sostener lo poco que queda en pie, mientras se liquida lo que alguna vez fue un símbolo del cooperativismo argentino.”

El proceso de venta de activos abre una puerta a posibles inversores, pero también marca el final de una etapa. Lo que supo ser una de las empresas más emblemáticas del sector agroindustrial argentino queda reducido a partes, a la espera de ser fragmentadas o reconvertidas.

La historia de SanCor deja una lección incómoda: ni el peso de la tradición ni el valor simbólico alcanzan cuando la gestión falla de manera sistemática. La quiebra no solo arrastra a una empresa, sino que expone las consecuencias de años de malas decisiones, falta de previsión y ausencia de liderazgo real.

Detrás de los números hay trabajadores, proveedores y comunidades enteras que pagan el costo de ese fracaso. Y mientras la Justicia avanza con la liquidación, queda una pregunta inevitable: cuánto de esta caída pudo haberse evitado si las señales de alerta no hubieran sido ignoradas durante tanto tiempo.

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