El Banco Central flexibiliza encajes en medio del deterioro financiero de las PyMEs

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • Aumenta la morosidad de las PyMEs y se agrava su situación financiera
  • El Banco Central flexibilizó encajes para mejorar la liquidez del sistema
  • El 8,2% de las empresas presenta atrasos superiores a los 90 días
  • La morosidad profunda creció con fuerza en el último año
  • El deterioro afecta a todos los sectores productivos sin distinción
  • Las PyMEs enfrentan crédito más caro y condiciones más restrictivas

El entramado de pequeñas y medianas empresas atraviesa un escenario de fuerte tensión financiera, marcado por la caída del crédito y un aumento significativo en los niveles de incumplimiento. La fragilidad que ya se percibía en la dinámica productiva comenzó a reflejarse con mayor claridad en los indicadores del sistema bancario, donde crece la preocupación por la capacidad de pago de miles de unidades productivas.

De acuerdo con los últimos datos oficiales, el inicio de 2026 mostró un deterioro acelerado en la salud financiera de las PyMEs. La combinación de menores ventas, reducción de márgenes y dificultades para acceder a financiamiento comienza a traducirse en un incremento sostenido de la morosidad. En ese contexto, la reciente decisión del Banco Central de la República Argentina de flexibilizar los encajes bancarios busca otorgar mayor liquidez al sistema y facilitar la refinanciación de deudas.

La medida apunta a que las entidades financieras dispongan de más pesos para asistir a sus clientes, en un intento por evitar un deterioro aún mayor en la cadena de pagos. Sin embargo, desde el propio sistema bancario advierten que el impacto será gradual y que la revisión de las situaciones crediticias se realizará de manera individual, lo que limita los efectos inmediatos sobre la operatoria cotidiana de las empresas.

El dato más alarmante surge del incremento en la cantidad de firmas en situación irregular. En enero de este año, el 8,2% de las PyMEs registraba atrasos superiores a los 90 días en el cumplimiento de sus obligaciones financieras. Esto representa un salto interanual del 93,5%, una variación que evidencia la velocidad con la que se deterioró la capacidad de pago en el sector.

La situación es aún más crítica cuando se analizan los casos de morosidad profunda. Las empresas con atrasos superiores a los 180 días crecieron un 84,9% en los últimos doce meses, consolidando un escenario de alto riesgo crediticio. En términos de montos, la cartera irregular ya representa el 4,4% del total de préstamos otorgados a PyMEs, con una tendencia ascendente que se mantiene desde el año pasado.

Este fenómeno no responde a dificultades puntuales en determinados rubros, sino que atraviesa de manera transversal a toda la estructura productiva. Sectores como servicios, comercio, agro, industria, construcción y minería muestran señales similares de deterioro, lo que refuerza la idea de un problema sistémico más que sectorial.

Las señales de alerta también se replican en los esquemas de garantía. Tanto las Sociedades de Garantía Recíproca como los fondos públicos registran aumentos en sus niveles de morosidad, reflejando un mayor riesgo en la cadena de financiamiento. Este comportamiento suele anticipar dificultades más profundas en el acceso al crédito.

En paralelo, se consolida una brecha creciente entre las PyMEs y las grandes empresas. Mientras estas últimas lograron sostener un desempeño relativamente más estable, las firmas de menor tamaño enfrentan mayores restricciones para acceder a financiamiento y condiciones más exigentes. Los bancos, en un contexto de mayor incertidumbre, endurecen los criterios de otorgamiento y acortan los plazos de los préstamos.

El costo del crédito también juega un rol central en este escenario. Las tasas aplicadas a las PyMEs, especialmente en adelantos en cuenta corriente, resultan significativamente más elevadas que las disponibles para otras compañías. A esto se suma el hecho de que una porción relevante del financiamiento está nominada en dólares, lo que introduce un componente adicional de riesgo cambiario.

Desde una perspectiva territorial, la morosidad presenta diferencias significativas entre provincias. Distritos con estructuras productivas más vulnerables exhiben los niveles más altos de incumplimiento, mientras que las jurisdicciones con mayor concentración de actividad económica mantienen indicadores algo más estables, aunque igualmente afectados por la tendencia general.

En este contexto, las empresas recurren cada vez más a herramientas de financiamiento de corto plazo para sostener su operatoria diaria. Sin embargo, estos instrumentos suelen implicar costos elevados, lo que termina alimentando un círculo de endeudamiento difícil de revertir.

El panorama que se configura es el de un sistema productivo bajo presión, donde la continuidad de muchas PyMEs depende de la posibilidad de sostener el acceso al crédito y evitar un deterioro mayor en su situación financiera. La evolución de estas variables será determinante para el desempeño económico en los próximos meses.

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