El Banco Central apunta a las billeteras virtuales con un nuevo esquema de cobro en medio de la suba de la morosidad

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El Banco Central impulsa un nuevo sistema para enfrentar la suba de la morosidad
  • La mora alcanza niveles récord en bancos y billeteras digitales
  • El esquema obliga al usuario a autorizar cada cuota de manera individual
  • Fintech y bancos coinciden en que la herramienta tiene limitaciones
  • El sector advierte que podría tener bajo impacto en la cobranza
  • El desafío es sostener el crédito sin deteriorar la calidad de los préstamos

El avance de la morosidad en el sistema financiero encendió señales de alerta en el Banco Central, que decidió avanzar con una nueva herramienta orientada a mejorar los niveles de cobranza. La medida, que fue presentada a bancos y fintech en los últimos días, busca contener un deterioro creciente en la calidad de los créditos, aunque ya genera fuertes cuestionamientos dentro del sector.

De acuerdo con estimaciones privadas, la mora en entidades tradicionales se acerca al 11%, el nivel más alto en dos décadas, mientras que en el universo de billeteras digitales podría alcanzar hasta el 25%. Este escenario empuja a la autoridad monetaria a intervenir con mecanismos que intenten ordenar la situación, en un contexto de expansión del crédito y mayor acceso al financiamiento.

El nuevo sistema, denominado Cobro con Transferencia, introduce una modalidad que obliga al usuario a validar cada pago de manera individual. A diferencia de herramientas anteriores, no permite el débito automático directo desde la cuenta del cliente, lo que representa un cambio significativo en la lógica de cobro.

El esquema prevé que, al momento de solicitar un préstamo, el cliente otorgue su consentimiento mediante un proceso similar al de las transferencias electrónicas. Sin embargo, cada cuota mensual requerirá una nueva autorización, con hasta tres intentos de cobro espaciados por 48 horas. Si el pago no se concreta dentro de ese plazo, el sistema deja de ser válido y el acreedor deberá recurrir a otros medios para recuperar el dinero.

Esta mecánica introduce una mayor fricción en el proceso, uno de los puntos más criticados por las fintech. Desde ese sector sostienen que el diseño dificulta la cobranza en lugar de facilitarla, ya que limita la capacidad de insistir en el cobro y depende de la acción activa del usuario en cada vencimiento. Además, advierten que no permite recuperar cuotas impagas de manera retroactiva ni contemplar pagos parciales o adelantados.

El origen de esta nueva herramienta se vincula con la evolución de sistemas anteriores. El débito inmediato, habilitado años atrás, permitía extraer fondos directamente de cuentas bancarias, pero fue cuestionado por su uso y por denuncias en casos puntuales. Posteriormente, el esquema de transferencias “pull” introdujo mayores controles, aunque con menor efectividad para la cobranza.

En ese marco, el Banco Central intenta encontrar un equilibrio entre seguridad, consentimiento del usuario y eficiencia en los pagos. Sin embargo, el resultado preliminar no logra conformar ni a bancos ni a fintech, algo poco habitual en un sector donde suelen existir posiciones divergentes.

Desde las entidades financieras tradicionales valoran algunos aspectos vinculados a la validación de identidad, que permitirían reducir riesgos de reclamos o fraudes. No obstante, también señalan limitaciones operativas, como la imposibilidad de adaptar cuotas o registrar pagos fuera del esquema previsto.

En el ecosistema fintech, en cambio, predominan las críticas. Ejecutivos del sector advierten que la herramienta no solo será poco efectiva para reducir la morosidad, sino que además implicará costos adicionales de implementación. Incluso, algunos anticipan que su uso será marginal y que muchas plataformas optarán por mantener sus propios mecanismos de cobro.

El cronograma oficial establece que la documentación técnica estará disponible en mayo, con pruebas durante julio y una implementación prevista para fines de agosto. A pesar de estos plazos, en la industria consideran que hay escaso margen para introducir cambios sustanciales en el diseño.

El trasfondo de la discusión expone una tensión estructural: mientras el Gobierno logró reducir el costo del crédito, el desafío ahora pasa por garantizar su recuperación. En ese equilibrio, la eficiencia de los sistemas de cobro se vuelve determinante para sostener la expansión del financiamiento sin deteriorar la calidad de la cartera.

Por el momento, la nueva herramienta aparece más como un intento de respuesta que como una solución definitiva. En un contexto de mora creciente, el sistema financiero sigue buscando mecanismos que permitan compatibilizar inclusión crediticia con sustentabilidad operativa.

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