Señales de alerta en Córdoba: la gestión Passerini hereda la deuda y profundiza el endeudamiento

CÓRDOBA Por Carlos Zimerman
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carlos zimermanPor Carlos Zimerman

La Municipalidad de Córdoba comienza a transitar un sendero financiero que despierta serias advertencias. A partir del próximo 29 de marzo vence la sexta cuota de capital de la deuda externa tomada en 2016 por el exintendente Ramón Mestre, un compromiso que deberá afrontar íntegramente la actual administración de Daniel Passerini, luego de que el hoy gobernador Martín Llaryora postergara esos vencimientos durante su paso por el Palacio 6 de Julio.

Cada una de las ocho cuotas de capital, sumadas a los intereses, ronda los 25 millones de dólares, lo que representa un desafío monumental para las finanzas municipales. La ciudad ya viene incrementando sus emisiones de deuda en pesos para cubrir pagos en moneda extranjera, una estrategia que expone un problema estructural: se toman compromisos nuevos para cancelar obligaciones viejas, sin resolver el fondo de la cuestión.

Todo indica que la Secretaría de Economía que encabeza Sergio Lorenzatti insistirá en ese camino. El municipio gestiona ante el Ministerio de Economía de la Nación autorizaciones para emitir letras y bonos por más de 200 mil millones de pesos, con el objetivo de cubrir vencimientos previos y reunir los fondos necesarios para afrontar las dos cuotas en dólares de este año y sus intereses, que suman unos 50 millones de dólares.

El plan financiero en trámite incluye un bono a 24 meses por hasta 155 mil millones de pesos y una letra a 12 meses por 50 mil millones. La urgencia es evidente: en marzo la Municipalidad deberá disponer de 57 mil millones de pesos para atender vencimientos de letras, del bono de infraestructura y la amortización del bono en dólares.

Expectativas y límites
La baja del riesgo país, la reapertura parcial del mercado internacional y la reciente colocación de la Provincia de Córdoba por 800 millones de dólares generaron expectativas en el municipio para acceder a financiamiento a mayor plazo. Sin embargo, por ahora esos intentos no se traducen en soluciones concretas.

La reestructuración de la deuda en dólares sigue trabada. El principal tenedor del bono emitido en Nueva York es el grupo chileno Moneda, que hasta el momento rechazó cualquier reperfilamiento. En el propio municipio admiten que entre 2026 y 2027 deberán pagar los 100 millones de dólares restantes, lo que mantiene a la ciudad en un callejón financiero cada vez más angosto.

El Acuerdo Federal y la dependencia provincial
A este escenario se suma la deuda acumulada con la Provincia. Tras resistirse durante meses, la gestión Passerini terminó adhiriendo al Acuerdo Federal impulsado por Llaryora, que implica destinar el 2% de la coparticipación mensual a cambio de refinanciar obligaciones con la Caja de Jubilaciones, Epec y otros organismos provinciales a diez años.

Desde el municipio aseguran que la medida traerá alivio, aunque en los hechos profundiza la dependencia financiera de la Provincia, que se consolida como sostén político y económico de la Capital.

No es un dato menor: Córdoba es el principal bastión electoral del peronismo provincial. En 2023, Llaryora construyó allí los votos decisivos para llegar a la Gobernación, y ahora el Panal apuesta a sostener a la administración municipal con obras y financiamiento.

Hoy la Provincia financia el plan de pavimentación de 800 cuadras —con un avance del 50%—, un programa integral de bacheo y obras estratégicas como el altonivel de avenida Vélez Sársfield y la sistematización de avenida Bodereau. En contraste, quedaron frenadas dos intervenciones clave para la zona sur —el Camino a 60 Cuadras y el Camino a San Antonio— por decisiones del Tribunal de Cuentas provincial, dominado por la mayoría juecista.

Un rumbo preocupante
El cuadro general muestra a una Municipalidad que enfrenta vencimientos millonarios, emite deuda para pagar deuda y depende cada vez más del auxilio provincial. La administración Passerini heredó un problema serio, pero las decisiones adoptadas hasta ahora no parecen encaminar una solución estructural.

Las señales de alerta ya están encendidas. La combinación de deuda externa, emisión constante en pesos y expectativas de refinanciamiento inciertas configura un escenario de riesgo para las finanzas de la ciudad. Córdoba, lejos de ordenar sus cuentas, parece avanzar por un camino que compromete su futuro fiscal y refuerza una dependencia política que limita su autonomía.

El desafío no es menor: evitar que la Capital quede atrapada en una espiral de endeudamiento que termine hipotecando la gestión y, sobre todo, el bolsillo de los vecinos.

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