

En un mercado saturado de bebidas funcionales, la kombucha se destaca por su sabor distintivo y sus asociados beneficios para la salud. Esta bebida fermentada, compuesta de té, azúcar y un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras, ha cobrado popularidad en Occidente, marcando un hito en el auge de los alimentos fermentados.
Al igual que otros alimentos como el kéfir y el kimchi, la kombucha se enmarca en una tendencia que resalta el impacto de los probióticos en la salud digestiva. Su consumo regular puede fortalecer la microbiota intestinal y mejorar la digestión, además de potenciar la respuesta inmunológica.
Proceso de elaboración
La kombucha se produce fermentando té, ya sea negro o verde, con azúcar y un cultivo conocido como SCOBY (Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast). Este microorganismo gelatinoso transforma los azúcares en alcohol y ácido acético, otorgándole su sabor característico y generando vitaminas del complejo B y antioxidantes.
Orígenes milenarios y crecimiento del mercado
Aunque ha ganado popularidad en la última década, la kombucha tiene raíces que se remontan a más de 2000 años en China, donde era conocida como "el té de la inmortalidad". Su llegada a Rusia y Europa del Este en el siglo XX, y su introducción en círculos alternativos de Occidente en los años 90, prepararon el camino para su explosión en el mercado global en 2010. Según datos de Grand View Research, su valor de mercado alcanzó 2.640 millones de dólares en 2021 y se proyecta que superará los 9.700 millones para 2030.
Beneficios para la salud
Linda Jungwirth, licenciada en Ciencias de la Nutrición, destaca los efectos beneficiosos de la kombucha para la salud intestinal. "Fortalece las comunidades de bacterias beneficiosas y suprime las dañinas", afirma. Una microbiota sana no solo ayuda en la digestión, sino que también influye en la salud emocional y en la prevención de la permeabilidad intestinal.
Entre los compuestos que aporta la kombucha se encuentran:
Ácidos acéticos: que actúan como antimicrobianos.
Vitaminas del complejo B: que contribuyen a la energía y la salud general.
Antioxidantes naturales: que ayudan a reducir la inflamación.
Aunque se requieren más estudios en humanos, algunos beneficios documentados incluyen:
Salud digestiva
Immunidad fortalecida
Desintoxicación hepática
Aumento de energía
Mejora del estado emocional
Elaboración casera
La kombucha se puede preparar fácilmente en casa siguiendo unos pasos simples que requieren algunos cuidados:
Infusión inicial: Hervir agua, infusionar té y disolver azúcar.
Fermentación primaria: Dejar enfriar, añadir SCOBY y un poco de kombucha de la tanda anterior. Tapar y fermentar entre 7 y 10 días en un lugar cálido.
Segunda fermentación: Embotellar y dejar reposar durante dos a tres días para mejorar la efervescencia, añadiendo frutas o hierbas si se desea.
Refrigeración: Conservar en heladera una vez terminada la fermentación.
Aunque la kombucha no es una solución mágica, su rica historia y propiedades la convierten en una opción atractiva para quienes buscan mejorar su salud a través de la nutrición.





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