Cancillería interviene la embajada en Alemania y abre un sumario al embajador

POLÍTICA Por
Edgardo Malaroda es investigado por acusaciones de empleados. Había sido ascendido a embajador a fin de año.
JORGE FAURIE

Las reiteradas y graves denuncias por presuntas irregularidades y abusos contra el embajador en Alemania, Edgardo Malaroda, encontraron finalmente oídos en la Cancillería, cuyas autoridades decidieron intervenir la sede diplomática. Se le abrió una investigación sumarial, se envió un funcionario para tomar declaraciones a todos los involucrados y pronto se decidirá su futuro ya que incluso figura en la lista de diplomáticos que fueron ascendidos a embajador por el Senado de acuerdo a la lista de candidatos que para fin de año le enviaron el canciller Jorge Faurie y la Junta de Embajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Según fuentes oficiales, la situación de Malaroda empeoró al descubrirse recientemente avisos en redes sociales ofreciendo trabajo en la embajada argentina en Berlín para tareas de limpieza, planchado, mozo, lo que presuponen en Cancillería -al comprobarse que los avisos eran verdaderos- que el cuestionado embajador intentó con ello reemplazar al personal de la embajada con el que tenía conflictos.

Esta manera informal de contratar trabajadores no sólo representa un grave riesgo de seguridad para una embajada extranjera, sin filtros de quienes son, sino también que estaría infringiendo las leyes laborales locales. Ello sin contar los  juicios del personal que podrían hacerse contra el Estado argentino, señalaron fuentes diplomáticas. 

Tras la consulta de Clarín, desde la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación (APSEN) se manifestaron fuertemente “preocupados” por las acciones de Malaroda, quien sin embargo no es un diplomático de carrera. Trabaja en el ministerio tras la fusión del área de comercio exterior con Exteriores que implementó el ex ministro Domingo Cavallo en los 90 y que disolvió después el kirchnerismo.

Malaroda fue enviado como cónsul de Frankfurt bajo el ministerio de Héctor Timerman, y ascendió a jefe de la embajada en Alemania al asumir el presidente Mauricio Macri. Pero era ministro. En diciembre le dieron el rango de embajador, y cuando en la Comisión de Acuerdos del Senado, se le preguntó si tenía antecedentes penales dijo que no, lo que podría contradecirse con una eventual derivación judicial de su caso. Su ascenso aún no está firme porque no fue publicado en el Boletín Oficial.

Pese a las buenas noticias de que lo ascenderían a embajador, la suerte de Malaroda comenzó a torcerse sobre el fin de año cuando con cuenta gotas comenzaron a filtrarse en los medios las denuncias del personal que hasta hace décadas trabajaba en la embajada argentina en Berlín, y que nunca había manifestado problemas con ningún otro jefe de misión. Las denuncias por ejemplo del mozo Miguel Olaizola -que lleva casi treinta años trabajado allí- y de la cocinera Hidee Benitez Walhters apuntaron no sólo contra Malaroda sino contra su mujer, Verónica Albanesi, a los que consideran responsables de crear un ambiente de “hostigamiento”, “insalubre” e “insostenible” en la embajada.

Pero es el chofer, Darío Rabilero Campos, en la sede desde hace 14 años, el que acusó por escrito a Malaroda también de “corrupción”. Sostuvo que es “fácilmente comprobable en los estados de la tarjeta de cuenta corriente de la empresa Shell de la embajada” que le carga “nafta al auto particular del Embajador” porque “la totalidad de la flota automotor de la embajada funciona a diesel” y el privado de Malaroda a nafta. Su carta habla de “irregularidades” también en los gastos de comida y en las denuncias figuran hasta giros increíbles con las compras de las famosas “cajitas feliz” de McDonalds para los niños.

Olaizola denunció que el matrimonio le ha pedido que cuide a sus hijos en horarios nocturnos y por fuera de su jornada laboral sin pago extra. “En mi contrato no figura ser babysitter”, sostuvo el histórico mozo de la residencia. Y agregó: “En todas partes del mundo cuando uno hace las compras para su jefe le dan la plata por adelantado o se la devuelven el mismo día. Tanto yo como el nuevo cocinero Benjamín teníamos que esperar hasta dos semanas para que nos reintegraran el dinero de las compras” dijo Olaizola, que manifestó sentirse “un felpudo” de Malaroda y Albanesi.

La cocinera de la sede entre tanto afirmó que Malaroda y Albanesi cambiaron tradiciones en la embajada que son en realidad maltratos, como por ejemplo que los obligaran a permanecer durante las horas que no tenían actividad en el sótano de la embajada, y se quejó de que les hicieran llevar su comida a diferencia de lo que ocurría antes cuando les proveían de los almuerzos.

Las denuncias también van contra el jefe de personal de la embajada Eduardo Lorenzo, por “gritar y tratar de manera ofensiva al personal de inferior jerarquía”, de extenderle el horario laboral por “motivos infundados o arbitrarios como conducir a la señora Albanese a a turnos médicos en días feriados”.

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Natasha Niebieskikwiat

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