El fantasma de CFK

MIRADAS Por
La estrategia electoral de Cambiemos conlleva serios desafíos que pueden allanarle el camino al triunfo pero también complicárselos. Veamos cuáles son.

Los primeros tres años de Cambiemos estarán marcados por el estrepitoso fracaso del programa económico. Sin lluvia de inversiones, ni segundo semestre y, además, sin que lo peor haya pasado, los desafíos que enfrentará la economía en 2019 serán mayúsculos. Tiene razón el Presidente de la Nación cuando argumenta que Argentina está atravesando una tormenta, pero el problema es que el equipo económico se dedicó a bailar la danza de la lluvia durante 2 años. La devaluación se trasladó a precios. El enorme endeudamiento externo no fue una señal de confianza por parte del mundo, sino más bien uno de los ciclos de ingresos de capitales golondrinas más grande y más corto de nuestra historia. El ajuste no fue el sacrificio necesario para crecer durante los próximos 20 años, sino el golpe de gracia que le faltaba a la economía para atravesar su peor crisis desde 2001. El segundo semestre y la lluvia de inversiones no llegaron ni llegarán.
Luego de lo que pasará a la historia como la corrida cambiaria peor administrada desde la vuelta de la democracia, el torniquete monetario aplicado por la nueva conducción del Banco Central resultó exitoso para estabilizar el dólar, al tiempo que permitió que la mega-súper-tasa fuera un fenómeno transitorio y no permanente. Ahora nos quedamos solo con una súper-tasa. Pero la tranquilidad cambiaria vino de la mano de una nueva y más inestable modalidad del “carry trade”. En la actualidad los fondos locales y externos se estacionan en los bancos y en los fondos de inversión en modalidades más sencillas, como las cuentas corrientes remuneradas o, directamente, los plazos fijos, para aprovechar una tasa de interés unos 10 puntos por debajo de la tasa de política monetaria. Con ese dinero, los bancos privados solo tienen que darse vuelta y adquirir Leliq. De esta manera, el Banco Central cumple con su objetivo de política, los bancos aprovechan un spread sustantivo, y los inversores privados rearman transitoriamente el carry.

Paradoja
El frente financiero de la economía se encuentra atravesando una paradoja: mientras que los préstamos al sector privado crecen a una tasa anualizada del 26%, los depósitos se expanden al 40% anual. Así, los bancos achican su negocio tradicional y funcionan como el brazo ejecutor de una política monetaria que, lejos de solucionar el problema de fondo, va cambiando el nombre del asunto: Lebac, Lecap, Lete y, ahora Leliq. Todos instrumentos que, tarde o temprano, dan cuenta del principal problema que enfrenta la economía argentina: la tasa de interés doméstica necesaria para convencer al mercado de apostar al peso es tan alta como insostenible. El factor estructural que determina esa inconsistencia es la absoluta desregulación de la cuenta capital. Pero el acuerdo con el fondo suma a este factor estructural uno de carácter coyuntural: la prohibición para el Banco Central de intervenir en el mercado de cambios ante una (futura) corrida. Es decir, entre 2016 y 2017 tuvimos una cuenta capital desregulada pero con un banco central con capacidad de intervenir; sobró capacidad, pero faltó pericia. A partir del acuerdo con el FMI, no solo tenemos absoluta desregulación de la cuenta capital, sino un mercado de cambios libre, puesto que el ancho de las bandas y el mínimo volumen de intervención en el techo dan por resultado un mercado de cambios libre de facto.

 

He aquí la principal paradoja de 2019: podríamos encontrarnos ante un banco central que tuviera los dólares necesarios para pasar un año electoral sin sobresaltos, pero sin autorización para utilizarlos. Haciendo números: las necesidades de dólares por parte del fisco para 2019 es de unos u$s28.100mill; las fuentes de financiamiento alcanzan los u$s39.054mill. Por tanto, al fisco le sobran unos u$s10.954mill que seguramente volcará en el mercado de cambios para contribuir a ampliar la oferta de divisas. Al mismo tiempo, el banco central acaba de ampliar el “swap” con China por unos u$s8.600mill. Sumado al excedente del fisco, ya tenemos casi unos u$s20.000mill que podrían ser utilizados para frenar la corrida. Si la cuenta capital se configurara como lo hizo en el mes de octubre, el déficit anualizado se ubicaría en los u$s21.000mill, con lo cual el Gobierno estaría en capacidad de atravesar la campaña electoral sin sobresaltos en el frente financiero. Sin embargo, existen dos factores de riesgo que podrían perturbar ese panorama de tranquilidad y que, desafortunadamente, hoy lucen como el escenario más probable.

El primero es el nivel que alcance el déficit de la cuenta capital. Si se toma en cuenta que en 10 meses de 2018 la fuga de capitales alcanzó los u$s26.000mill, el excedente de dólares por parte del gobierno comienza a transformarse en déficit. Pero, además, se debe tener en cuenta que el programa oficial prevé una apreciación del tipo de cambio real para 2019, lo cual contribuye a fortalecer la demanda de dólares. El segundo es, como ya dijimos, la negativa del FMI a que el banco central pueda intervenir para administrar el tipo de cambio ante un evento disruptivo, ya sea externo o interno. A un mundo absolutamente inestable producto de la guerra comercial entre China y EEUU, se le suma un frente interno que en 2019 pondrá en el centro de la campaña electoral el fracaso del programa económico y la necesidad de un cambio de rumbo. Y esto no vale solo para la oposición, puesto que resulta obvio que los votantes de Cambiemos acompañarán la reelección de Macri a pesar del programa económico. Bastará con que alguna encuesta indique paridad entre oficialismo y oposición para marzo de 2019 para disparar la demanda de dólares a niveles de entre u$s3.000mill y u$s5.000mill al mes. Si ante el primer evento disruptivo el banco central decide no intervenir, la espiralización será inevitable.

Polarización
En este escenario el gobierno nuevamente juega a lo que mejor sabe en materia política: la polarización. Sin embargo, esta es un arma de doble filo. En primer lugar, porque el fantasma de CFK es utilizado por el equipo económico para fundamentar la negativa del riesgo país a perforar los 700 puntos básicos. Resulta increíble que se atribuya la suba del riesgo país a una posible candidatura de CFK, antes que a una economía que sale de un aumento del dólar de casi el 100%; que enfrenta una recesión que durará por lo menos dos años; que tiene cerrado el acceso al financiamiento externo; y que cuenta con una autoridad monetaria absolutamente diezmada en su capacidad de intervención. Al preguntarnos por el riesgo país, podríamos parafrasear a Clinton: ¡Es el FMI, no CFK, estúpido! En segundo lugar, agitar el fantasma de un drástico cambio de rumbo económico en 2020 podría generar una movida anticipatoria por parte del mercado que complicara las chances electorales de Cambiemos, puesto que sería difícil atribuir una nueva corrida a lo que pase de 2020 en adelante, y no a lo acontecido entre 2016 y 2018.

¿Hay 2019? Si Cambiemos quiere maximizar sus chances electorales debe procurar que la reciente estabilidad financiera perdure durante todo 2019. La economía no se recuperará el año entrante, pero sería todo un logro conseguir que una nueva corrida no nos hundiera aún más. Para esto, el gobierno está muy cerca de conseguir los dólares necesarios para garantizar que todos los argentinos podamos practicar el deporte electoral predilecto: la compra de dólares. Pero, además de conseguir los dólares, el gobierno debe conseguir el permiso para usarlos. Paradójicamente, será el FMI el que deba enfrentarse a un dilema: de mantener su doctrina de no intervención, estará maximizando las chances electorales de la oposición; de lo contrario, deberá explicar a sus accionistas por qué permite que Argentina utilice el mayor stand-by en la historia del organismo para financiar la fuga de capitales que el propio FMI fomenta con su esquema de política económica.

Fuente: Ámbito web

Te puede interesar