Un intelectual y un activista opinan sobre qué es ser anarquista en la Argentina en 2018

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Con más de 150 años de historia, el anarquismo volvió a estar en boca de todos tras el atentado al mausoleo del ex jefe de la Policía de Buenos Aires, Ramón Falcón, en el cementerio de la Recoleta
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El 14 de noviembre de 1909 el Jefe de la Policía de Buenos Aires, Ramón Falcón, iba a bordo de su coche junto a su secretario privado, Juan Lartigau, cuando llegando a la esquina de Quintana y Junín, Simón Radowitzky, un anarquista ruso, arrojó dentro del habitáculo una botella con nafta. La explosión se sintió en varias cuadras a la redonda. Los dos ocupantes perdieron sus piernas y en el transcurso del mismo día, también sus vidas.

El miércoles de esta semana, cuando se cumplían 109 años de ese día, Anahí Esperanza Salcedo, de 32 años, quien al menos en redes sociales se manifestaba anarquista, entró al cementerio de la Recoleta junto a Hugo Alberto Rodríguez, llevando escondido un explosivo. Era un artefacto de fabricación casera, de 34 por 25 centímetros. Cinco caños rellenos de pólvora con tapa ciega unidos con abrazaderas.

Quizás evocando a Radowitzky en el día del aniversario de aquel ataque, de aquella venganza histórica, la mujer, madre de dos nenas, dejó el explosivo a los pies del mausoleo de Falcón. Pero las cosas no salieron de acuerdo a lo planeado. Salcedo perdió tres falanges de una mano, debió ser traslada de urgencia al Hospital Fernández, asistida por un respirador mecánico y con su vida pendiendo de un hilo.
 
"Esto no es algo raro de la historia del anarquismo, esto no es un hecho aislado, está dentro de las distintas corrientes que hay en el movimiento, hay una que es la la de lucha revolucionaria enmarcada en lo social y hay otra que tiene más que ver con una lucha insurreccional", afirma Leandro "Vasco" Ayarra, quien se define anarquista organizacionista, en diálogo con Infobae.

El activista, que trabaja y es docente en la 1.11.14, subraya que el movimiento "tiene una historia de 150 años en los cinco continentes" y una particular en Argentina, que estuvo relacionada a cuestiones sociales importantes como "la conquista de las ocho horas o las formaciones de los sindicatos".

La corriente a la que él pertenece, explica Ayarra, busca la organización de los anarquistas "para poder hacer un análisis de la realidad y ver cómo podemos transmitirle nuestras ideas", línea de pensamiento que rinde homenaje a teóricos como el italiano Errico Malatesta o el ruso Mijaíl Bakunin, referentes del movimiento.

Por su parte Sebastián Stavisky, investigador y docente de la UBA, aporta al contexto histórico del movimiento en el país: "Las primeras publicaciones anarquistas en Argentina surgen hacia fines del siglo XIX, coincidiendo con una ola de atentados que por aquellos mismos años tuvo lugar en Europa, y cuyas noticias llegaban al país a través de la prensa comercial. Periódicos como La Prensa y La Nación comenzaron a construir entonces una imagen del anarquismo asociada al terror que, de algún modo, dejó una marca indeleble en cómo sería comprendido posteriormente el fenómeno".

"El primer atentado que se produjo en Argentina y que alcanzó su objetivo fue el asesinato de Ramón Falcón por Simón Radowitzky en 1909, del que ayer, precisamente, se cumplieron 109 años. Creo es importante reconstruir un poco esta historia acerca de, por un lado, lo que fue el anarquismo y, por el otro, cómo se lo construyó mediáticamente para comprender la distancia que se abre entre ambos procesos que, aunque estén lejos de coincidir, no por ello dejan de dialogar", sumó el teórico obligando a devolver preguntas los hechos de las últimas horas y a sus ecos.

En cuanto al hecho reciente, el que involucró a Anahí Esperanza Salcedo en el cementerio de la Recoleta, consideró pertinente traer a la charla un trabajo académico de Uri Eisenzweig, Ficciones del anarquismo.  "A grandes rasgos, el autor intenta comprender el fenómeno del atentado anarquista o propaganda por el hecho a partir del rechazo que éstos manifestaban no sólo a la figura de la autoridad, sino también a la idea de representación. El atentado vendría entonces a ser algo así como la búsqueda por sustituir a la palabra por el acto, un modo de decir, de expresar una rabia incontrolable, a través de una acción directa", explicó.

En esa línea Stavisky subrayó sobre la misma idea que "esto no quiere decir que esa forma de comprender ciertas prácticas anarquistas de hace más de cien años sea directamente trasladable a ciertas prácticas de la actualidad, pero sí creo que tal vez puede darnos algunas pistas para ayudarnos a entender". Los hechos violentos, vinculados a grupos anarquistas en el marco de distintos eventos, como por ejemplo los incidentes ocurridos en septiembre pasado durante la proyección de la película de Santiago Maldonado, hicieron que el movimiento se convirtiera para muchos en sinónimo de violencia.

"Por un lado, en esa demonización de la que hablás hay mucho desconocimiento, pero es un desconocimiento que no sólo se encuentra en el gobierno, sino también en muchos otros que, incluso reconociéndose progresistas o de izquierda, salen a señalar servicios cada vez que se encuentran con una acción protagonizada por quien lleva una bandera rojinegra o pinta una 'A' encerrada en un círculo o en un corazón. Esto no quiere decir que no existan infiltrados", opinó el investigador.

"El debate de la violencia es un debate no resuelto del anarquismo", sintetizó desde su lugar el docente y activista anarquista Ayarra, que desde su lugar ve el atentado que tuvo lugar en el cementerio de la Recoleta "como una consecuencia lógica de una ausencia de los sindicatos, de las organizaciones populares, para resistir a las avanzadas de las patronales. Toda esa energía de los compañeros, si hubiera procesos de lucha reales frente a este sistema de dominación, las cosas serían diferentes", expuso y agregó sobre las interpretaciones del gobierno y de los medios del hecho: "Nunca ningún gobierno habló bien del anarquismo, haga lo que haga el anarquismo".

Stavisky ampliando la mirada sumó que "el inconveniente es que tal señalamiento surge sin ninguna mínima investigación previa más o menos seria, y que colabora con la demonización que el gobierno realiza ya no por desconocimiento, sino como instancia bien elaborada de control social. Así como los atentados anarquistas de hace más de cien años buscaban propagar un mensaje por medio de una acción, la espectacularización de la represión estatal que desde hace algunos años estamos viviendo nos envía también sus mensajes y llamados al orden no sólo a quienes podamos inscribirnos en el anarquismo".

Ambos, el investigador y el docente, coinciden en que muchos anarquistas además participan activamente de otros tipos de luchas en las que las "necesidades libertarias" de estos actores, como las define Stavinsky, encuentran correspondencia y se reconocen en  reflexiones acerca de temas en apariencia tan distintos como pueden serlo "el consumo, la propaganda, la educación, la salud, el trabajo, el vínculo con los animales, con el medio ambiente, con nuestros amigos, nuestros vecinos, o nuestros amores".

A modo de cierre Ayarra, que durante la charla procuró no manifestarse ni a favor, ni en contra del fallido atentado de ayer en el cementerio de la Recoleta, ante la insistencia de Infobae sobre su posición al respecto, dijo: "Yo siempre me voy a oponer a las injusticias y a apoyar a la rebeldía. Yo critico a las injusticias, los chicos que se nos están muriendo en la 1.11.14, por droga, por falta de remedios, las mujeres que caen en la trata en connivencia con la policía, eso me preocupa".

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Alejo Santander

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