Apóstoles del plan “todos contra Macri”

OPINIÓN Por
Hablar de kirchnerismo sin corrupción le deparó a Juan Grabois la furia de un par de amigos de Cristina Kirchner. Sergio Massa les prometió a los que se quedaron con él que jamás irá a un frente con la ex presidenta.
APOSTOLES

La calma del dólar encendió las alarmas del kirchnerismo. Si bien el billete estadounidense lleva apenas algo más de un mes en la parte baja de las bandas de flotación del Banco Central, la posibilidad todavía remota de una recuperación económica a mediados del año próximo alteró los planes de retorno de Cristina Kirchner. La ex presidenta ya no está convencida de que el Gobierno vaya a tener un final caótico como los que despidieron a Raúl Alfonsín en 1989 o el de Fernando de la Rúa en 2001. Por eso, ha puesto en marcha una estrategia que consiste en agrupar a la mayor cantidad de sectores y dirigentes del peronismo bajo una idea fuerza: “Todos contra Macri”, es el mensaje que va de boca en boca entre aquellos que apuestan al regreso de Cristina como método de supervivencia.

Los apóstoles del “todos contra Macri” responden al dogma que bajan desde las alturas Cristina y su hijo, el diputado Máximo Kirchner. En los últimos días estuvieron haciendo gestiones febriles personajes tan disímiles como los integrantes del trío Moyano (Hugo, Pablo y Facundo, ahora acoplado también a la algarada kirchnerista); el comando bonaerense Felipe Solá; el dirigente Fernando “Chino” Navarro, líder del Movimiento Evita y ahora reconciliado con el mismo sector al que acusó de defender los fueros de Julio De Vido en medio de las investigaciones por corrupción que lo llevaron a la cárcel. Todo parece haber cambiado desde aquel 2017 en el que respaldaron la candidatura a legislador de Florencio Randazzo. ”El ajuste de Macri y la posibilidad de que él o algún representante de su espacio nos pueda ganar, hoy hace que haya mucha más flexibilidad para armar un programa de forma conjunta”, explica Navarro. La necesidad tiene en este caso la cara de Cristina.

El plan “todos contra Macri” no es ninguna quijotada electoral. La mayoría de los encuestadores le asigna buenas posibilidades de triunfo en 2019 si el peronismo lograra conformar una sola oferta presidencial. Es el mayor temor del Frente Cambiemos y es la fantasía preferida de Cristina, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto. Cada uno de ellos lo imagina con su propia candidatura al frente. Esa es por ahora la mayor dificultad del atomizado movimiento que fundó Juan Domingo Perón. Incluso hay quienes dicen que el frente único contra el Presidente también es una idea que seduce en El Vaticano.

Será por eso que otro de los impulsores de la bandera “todos contra Macri” es el piquetero Juan Grabois. Con el aval discreto pero insistente del Papa Francisco, el referente de la Central de Trabajadores de la Economía Popular ha sumado para sus seguidores una envidiada cantidad de planes estatales que le han hecho ganar relevancia en la interna desordenada de las organizaciones sociales. Alineado definitivamente con Cristina y con el deseo oculto de convertirse en su ministro de Desarrollo Social si prospera el regreso, Grabois se empantanó en el barro de la política cuando se propuso la redención del kirchnerismo. Planteó públicamente la irreverencia de encabezar una peregrinación de kirchneristas sin corrupción.

Dirigente todavía mucho más de las redes sociales que del territorio, Grabois escribió un tuit la semana pasada que abona el plan todos contra Macri. “Construiremos un gran frente patriótico contra el macrismo siguiendo los principios que nos enseñan los pueblos indígenas: ama sua (no robar), ama lulla (no mentir) y ama quella (no seas flojo)”, arengó desde el smartphone. El oxímoron de la K sin corrupción le aseguró las carcajadas secretas de algunos de sus compañeros de ruta y la furia pública de un par de amigos de Cristina. De Vido le dedicó una de sus cartas flamígeras desde la cárcel de Marcos Paz y lo llamó “ortiva”, la palabra con la que los cultores del lunfardo descalifican a los alcahuetes. Y Hebe de Bonafini también le marcó la cancha llamándolo “pituquito”. Tal vez el anticipo de otros adjetivos más duros como los que suele gastar la vehemente madre de Plaza de Mayo.

Claro que además de intentar redimir al kirchnerismo, Grabois también se propuso traer al redil del “todos contra Macri” a un hijo pródigo como Sergio Massa. Se tomó un café con el ex candidato presidencial en el Torcuato Tasso, justo un rato antes de que Solá presentara allí su libro, el muy sorprendente “Peronismo, Pampa y Peligro” con el que el ex gobernador está intentando sumarse a la grilla de presidenciables peronistas. Grabois cree que podrá sumar a Massa al proyecto anti Macri y Massa sueña con poder torcerle el brazo al amigo del Papa si es que logra desplazar a Cristina del lugar de mayor protagonismo. Es una película que todavía no tiene escrito el desenlace.

El mes pasado, cuando Solá, Facundo Moyano y Daniel Arroyo dejaron el barco del Frente Renovador, Massa les prometió a los que se quedaron junto a él que jamás formará parte de un frente donde esté Cristina, y encima con papel estelar. El candidato que obtuvo el 20% de los votos en las elecciones presidenciales de 2015 mantiene el diálogo con los dirigentes de la foto de los cuatro peronistas (que compartió con Urtubey, Pichetto y el cordobés Juan Schiaretti) y promete que varios gobernadores empezarán a sumarse la semana próxima, una vez que el Senado apruebe el Presupuesto 2019 y se cierren las cuentas fiscales pendientes entre el Gobierno y las provincias.

En paralelo, Massa también aviva el fuego de sus contactos con el Frente Progresista donde trabajan su ex aliada, Margarita Stolbizer, el radical Ricardo Alfonsín y el estratégico gobernador de Santa Fe, el socialista Miguel Lifschitz. Las negociaciones para participar de una misma interna siguen abiertas y tanto el tigrense como Urtubey consideran que el peronismo no tiene chances frente a Macri si no cuenta con una pata progresista que equilibre el armado. Y coinciden en que todo eso será imposible si la candidata termina siendo Cristina.

Con tantas señales subterráneas y públicas del plan “todos contra Macri”, el Presidente también diseña su estrategia para contrarrestarlo. En los últimos días volvió a mostrarse en varios actos públicos y a hablar sin metáforas de una eventual reelección en un posteo de campaña en las redes sociales. El foco del Gobierno está puesto en el Presupuesto y en el desafío enorme de la organización del G20, pero hay funcionarios preparando iniciativas keynesianas para poner en marcha a partir de marzo y poder calentar la economía real, hoy congelada por la recesión. Algo parecido ensayaron con éxito en 2017 pocos meses antes de la elección legislativa. Pero saben en la Casa Rosada que ahora la crisis y la caída han sido mucho más profundas.

¿Podrá Macri evitar que la alternativa de un peronismo unido genere una oferta electoral que no aparece viable? Si logra ser reelegido el año próximo será el primer presidente no peronista desde 1983 en sortear el obstáculo de una crisis económica y social con peronistas en la oposición. El único antecedente de un frente en el que todos los sectores políticos enfrentaron a un único dirigente se produjo en 1946, cuando la UCR, el Partido Comunista, el Socialismo y la Democracia Progresista confrontaron a Juan Domingo Perón bajo el paraguas oportuno de la Unión Democrática.

Pero no les fue bien. La sociedad de entonces prefirió al militar que estrenó exitosamente la experiencia histórica del Partido Justicialista. Paradojas del país adolescente, ahora es el peronismo el que intenta reconstruir sus vísceras dispersas para enfrentar a Macri unido y con posibilidades de victoria. La elección presidencial está lejos todavía, pero la Argentina ha vuelto a ser ese laboratorio político activo y siempre insuficiente para terminar con los gérmenes de su fracaso.

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Fernando Gonzalez

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