PASARON COSAS

EDITORIAL Por
Un gran paso hacia la unidad de la oposición y palos desde dentro y fuera hacia un gobierno jaqueado por resultados tan desastrosos en la economía que hasta se hacen explícitos desde su propio campo
PASARON COSAS

 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

“Pasaron cosas” dijo el presidente para explicar por qué la economía argentina iba mal pese a su “brillante (y único)” esquema para lograr su objetivo de un país con pobreza cero. Un país que salió a buscar sus grandes destinos desprendiéndose de una industria incapaz de competir a nivel mundial y procurando sus sustento a partir de una naturaleza privilegiada en tierras cultivables y recursos minerales, según la visión y el interés personal de su líder y principales funcionarios.

La larga experiencia mundial en materia de desarrollo mostró palmariamente que las naciones que alcanzaron posiciones privilegiadas en el orden global lo hicieron impulsando y protegiendo su industria, para poder exportar productos con alto valor agregado a la materia prima, ya sea ésta local o importada. Es la política que genera una gran necesidad de mano de obra, muy calificada además, y que deriva en abundante riqueza para la población, mejores oportunidades para todos y un mayor equilibrio en la distribución del ingreso.

Por el contrario, los estados que se quedaron satisfechos con sus riquezas naturales se hundieron y se siguen hundiendo en el subdesarrollo y -en muchos casos- en la miseria. Ese fue -con sus particularidades- el derrotero de muchos países. En Sud y Centro América sobran los ejemplos: Perú, Bolivia y Chile, prósperas colonias mineras, siguieron, después de su independencia, el rumbo al que el imperio los había destinado. Brasil, con el caucho y la banana, generó ciudades y regiones de enorme prosperidad a costa de la miseria de millones de sus habitantes. En Argentina ocurrió parcialmente con la explotación del quebracho y se evidenció menos en su pampa húmeda, cuya riqueza es tan grande que soportó muchos años una exportación enorme sin afectar la alimentación de su pueblo. Hasta ahora, en que la dolarización devastó la heladera y la mesa de los argentinos. Ni hablar de las naciones de América Central y el Caribe que terminaron viviendo situaciones horrorosas.

El gobierno de Macri se desinteresa por la política; para sus ideólogos, hay que dejar de interferir en la actividad privada, y esperar a que la situación se equilibre por sí sola. Con un Estado que se limite a atender fundamentalmente la seguridad, para apartar de la escena a quienes perturban la tranquilidad pública con sus protestas y cortes de calles.Y si el Estado no existe, mejor, pero mientras tanto no gastar de sus arcas por encina del dinero que ingresa. Aún más, se deben achicar los gastos lo más posible, para poder reducir los impuestos de las empresas y así maximizar sus ganancias. En último lugar, el pueblo pobre, que recogerá lo que derramen hacia abajo los privilegiados. Ese es el rumbo para ellos y sálvese quien pueda.

Pero siguen pasando cosas. El optimismo -o la resignación a una supuesta fatalidad- que el gobierno busca contagiar a una población que ve cortados todos sus anclajes a la superivencia, resulta cada vez más difícil de insuflar en la ciudadanía. Por un lado, el precio de la soja, principal exportación del agro argentino, viene cayendo significativamente. Si bien la última ronda de operaciones en el mercado de Chicago muestra una recuperación de ocho dólares por tonelada, la cotización queda todavía por debajo de los 300 dólares por tonelada. Si a esto se le añade una considerable pérdida de granos por las inundaciones en el Chaco, habrá una merma en la balanza comercial que se estima en unos 3.000 millones de dólares, que restarán a la capacidad de pago de la deuda.

Macri quiere llegar de cualquier forma a las elecciones. Cuenta para ese propósito con el apoyo -que se va atenuando- del Fondo Monetario Internacional, y del presidente de los Estados Unidos, DonaldTrump. A medida que la situación interna se agudiza y los tiempos se acortan, los pronósticos sobre el futuro se tornan cada vez más inciertos. Pero los acontecimientos se precipitarán por las urgencias legales y pronto veremos las definiciones. El domingo, la contundencia del triunfo de Juan Schiaretti en Córdoba dejó un mensaje claro para el gobierno, a cuyas desventuras se suman hoy la fuerte movida hacia la unidad de las fuerzas opositoras generada por Cristina Kirchner, las explosivas declaraciones de Elisa Carrió, la ratificación del juez Ramos Padilla en la causa de Dolores y el pedido de las actuaciones contra la expresidenta en la causa “Vialidad”, que cancela por ahora la iniciación del juicio oral. Todo apunta a un cambio de época.

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