¿PRECIOS CUIDADOS? CONSUMIDOR DESCUIDADO

EDITORIAL Por
Preocupados porque las encuestas y las elecciones provinciales revelan la huida en masa del electorado, Macri trata de encontrar alguna medida salvadora
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 Isaías ABRTUZKY / Especial para Diario Córdoba 

El presidente actual y su equipo fueron lanzados al gobierno aparentemente sin tener ninguna idea de cómo funciona realmente la economía. Algunos funcionarios designados sí acreditaban experiencia en algún área, pero el esquema en el que debían desempeñarse esterilizaba todo conocimiento y toda buena propuesta.

Las retenciones a la producción agropecuaria estuvieron entre las medidas más ferozmente combatidas cuando la administración estaba en manos de los antecesores -y enemigos jurados- de Mauricio Macri. La realidad, sin embargo, llevó a sacarlas del tacho de residuos al cual las arrojaron -con todo optimismo- ni bien asumieron los resortes del Estado.

Y se dio la paradoja -solamente admisible en un país bananero -con el debido respeto a las naciones que producen esa sabrosa y nutritiva fruta- como lo es hoy la Argentina, de que, renovando de palabra el pésimo concepto que de ellas tienen, volvieron a instalarlas.

Con un agravante, además, ya que ahora se aplica ese impuesto a las exportaciones industriales, que antes recibían reintegros que premiaban su capacidad de vender al exterior, aportando parte de las tan escasas y necesarias divisas.

Ahora el gobierno está yendo por otro flanco de las repudiadas políticas kirchneristas, y se apresta a potenciar una herramienta vigente en tiempos de la denostada administración anterior: los controles de precios (aunque intentan evitar esa palabra, sin demasiado éxito, claro)

El programa de Precios Cuidados del kirchnerismo funcionó en alguna medida, aunque tuvo un desempeño opaco, porque toda imposición viene con su antídoto: la falta de provisión en tiempo y cantidad, la ubicación en las góndolas, las trampitas en la exhibición de los precios y otras picardías, destiñeron las ventajas del sistema.

Ahora el gobierno busca revitalizar ese tipo de programas, como medio de estimular el consumo, que viene cayendo sostenidamente por la licuación del poder adquisitivo de la ciudadanía, un efecto más que palpable por cualquiera que vaya a realizar las compras cotidianas. Por cierto, nadie asegura que esta vez no habrá trampitas. De hecho esta es una ampliación del sistema vigente, que sigue registrando faltantes; en particular, en estos días, la única marca de leche adherida brilla por su ausencia.

Sobre llovido mojado

Todo indica que la imagen presidencial y -correlativamente- la intención de voto a Cambiemos, sumamente resentidas, no habrán de cambiar por más que se intente mostrar avances en otros sectores de la vida de la sociedad, fuera de la economía. Como dijo Perón, el bolsillo es la víscera más sensible del cuerpo humano. De todos modos no hay mucho que exhibir tampoco en esos terrenos. De ahí la búsqueda de estos acuerdos con los empresarios para contener una inflación que se está disparando a niveles alarmantes (y de paso hacer bajar artificialmente los índices de precios al consumidor tomando los valores de las mercaderías incluidas en el programa, que atienden a una muy pequeña parte del abastecimiento).

Y dentro de este panorama, al Fondo Monetario no se le ocurre otra recomendación mejor que un aumento del IVA a los productos de primera necesidad. Se alarma porque la malaria que vive la sociedad argentina en su conjunto se refleja en una fuerte caída de la recaudación, con lo cual peligran las metas fiscales impuestas y por lo tanto la posibilidad de pago de la deuda contraída por el país. Sobre llovido, mojado.

Cabe recordar que -en su momento- el gobierno kirchnerista implementó la devolución del 5% del valor neto de las compras minoristas con tarjeta de débito (con límite de compra de mil pesos, que eran mucho más que hoy). Unos interesantes pesitos que llegaban al consumidor, quien, pagaba 17% de IVA en vez de 21%. Y la rebaja era real, porque ese 5% no se licuaba, como hubiera ocurrido si se rebajaba la tasa directamente.

Mientras tanto, la propaganda oficial muestra el “progreso” de la Argentina, con imágenes de explotación petrolera y de litio. Y de trenes cargados de granos, que van a los puertos. Yo me pregunto, viendo hay una buena parte de la sociedad que no tiene ni siquiera para darle un desayuno a sus hijos: ¿podrán convencer a ese ciudadano de que es bueno que esa comida que no puede poner en su mesa se vaya fuera de su alcance, y esa tragedia sea exhibida como un logro?

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