PRECIOS AL ESPACIO INFINITO

EDITORIAL Por
A trescientos pesos el kilo de asado y 120 el de pollo, la mesa de los argentinos se va quedando sin platos. ¿Para qué ponerlos si la olla está vacía?
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 Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

Con aumentos desmesurados de los alimentos corrientes, tradicionalmente el consumo se derivaba a productos que, por diferentes razones, seguían al alcance de los bolsillos enflaquecidos. Pero hoy ya no quedan refugios.

La cifra dada por el INDEC para la inflación de febrero, es terrorífica: 3,8 % en el mes y 51% interanual. Y el pronóstico para los números de marzo es tanto o más intranquilizador. Al ritmo del mes pasado el aumento de los precios al consumidor se elevará a 56% en el año. Pero si se pone la lupa sobre los artículos de primera necesidad los aumentos superan largamente a lo que marcan los índices. Y esto significa que los sectores económicamente más lábiles de la sociedad caen en el hambre y la pobreza extrema.

Los vegetales, alimentos que otrora ayudaban a reemplazar al menos en parte a la carne, hoy no contribuyen a aliviar el presupuesto nutricional de la familia. El kilo de casi todos ellos tiene menor precio que el de la carne, pero su contenido de agua está en un rango que abarca desde el 90 al 95%. Son importantes por las vitaminas y minerales que aportan, pero dejan al estómago vacío. Y van quedando atrás los meses en que la producción de frutas y hortalizas es abundante, y sus precios se reducen con respecto a las épocas frías del año. Por otra parte, los costos del transporte son tan altos que productos de bajo precio en origen, como papa, cebolla, lechuga o zanahoria, ya tienen cotizaciones cercanas a las de aquellos tradicionalmente más costosos.

En resumen, casi ningún refugio alimentario queda disponible, y las consecuencias en términos de salud pública se harán notar a corto, mediano y largo plazo. La cantidad de niños y adultos que acuden a comedores y merendos populares para tener al menos una comida al día sigue aumentando, imparablemente.

Frío y hambre constituyen una combinación letal. Y si no hay para comer menos hay para protegerse frente a las bajas temperaturas que se aproximan. Enargas -el Ente Nacional Regulador del Gas- informó que 90 mil usuarios ya se desconectaron de la red de gas natural de la distribuidora Metrogas, y tratan de cubrir sus necesidades con garrafas o leña.

En las esferas oficiales, mientras tanto, se vuelve a repetir aquello de que “lo peor ya pasó” aunque con otras palabras, que pronostican mejoras en la economía para el tercer trimestre (para no repetir lo del segundo semestre). Pero el panorama no se muestra muy promisorio que digamos, si nos atenemos a los aumentos de precios que están teniendo lugar en estos momentos, como a los ya preanunciados.

Acaban de aumentar los pasajes de ómnibus y trenes, y el mes próximo lo mismo ocurrirá con los subterráneos. Y sin duda ellos se propagrán al resto de los bienes y servicios de la economía.

Pero lo que oímos desde el Ministerio de Hacienda parece que tiende a abrir el panorama de nubarrones y tormentas que pende sobre nuestras cabezas. El portal Ámbito recoge información oficial según la cual en los dos primeros meses del año el superávit primario alcanzó a $ 23.384 millones. Esto indica que se avanza hacia el equilibrio fiscal, recalcan desde las oficinas de Dujovne. Allí lo que cuentan son los números y las planillas, y cuando éstas se acomodan a sus gustos (y los de Madame Lagarde) se sienten felices aunque al dejar el edificio vean cada vez más gente acomodándose para dormir en las recovas y los portales.

De todos modos los números provistos son parciales. Es que en esos mismos dos meses, por los intereses pagados, ese superavit desaparece y da lugar a un déficit de nada menos que 69 mil millones de pesos.

El dólar recortó buena parte del salto hacia arriba que dio la semana pasada, y ese es un motivo de tranquilidad para los funcionarios. Claro que haber logrado contener el impulso alcista de la divisa no es nada gratuito: para conseguirlo se aumentaron las tasas de interés de las Lelic a 63,66%. Estas tasas de referencia provocan que el costo del crédito a las empresas alcance al 100% anual o más. ¿Qué es lo que ocurre? La mayoría de las empresas no pueden operar pagando intereses estratosféricos, y menos aún cuando las ventas caen como lo están haciendo. Pero hay algunas que se sostienen y no les queda más remedio que trasladar estos altísimos costos financieros a los productos o servicios que venden, y con ello fogonean la inflación.

En resumidas cuentas, el gobierno se maneja con círculos viciosos de los cuales la economía no va a salir sin que se produzcan reformas profundas. Mientras tanto sigue haciendo malabarismos en aras de frenar el creciente descontento de los votantes, a quienes busca desesperadamente retener para conseguir la reelección.

Los argentinos de hoy y sus descendientes tendrán que agregar casi diez mil millones de dólares más a una deuda externa monstruosa, porque esos dólares desaparecerán prontamente de la circulación en la Argentina, y luego la ciudadanía deberá pagarlos. Con sus intereses, obviamente. La página del Observatorio Fiscal Federal nos muestra que (a las 17:45 del viernes 15 de marzo) la deuda pública consolidada era de algo más que 384 mil millones de dólares, y aumentaba a razón de 450 dólares por segundo.

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