Cristina, la perseguida

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Dice que la persigue la embajada de Estados Unidos. En realidad, lo que la persigue es la corrupción.
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"Si me pasa algo, miren hacia el Norte”, dramatizaba Cristina en 2014. Ahora dramatiza con que la persigue la embajada de Estados Unidos. En realidad, lo que la persigue y la tiene más que cercada es la corrupción.

El juez Ercolini envió a ella, a sus hijos y a una veintena de acusados a juicio oral por la causa Hotesur: el lavado de dinero en dos hoteles del matrimonio Kirchner en El Calafate. La fórmula es la ya muy conocida: adjudicación de obras públicas con coimas y con sobreprecios que se cobraban y se blanqueaban con el alquiler de habitaciones que nunca se ocupaban.

Hotesur fue Alto Calafate y Lázaro Báez, el campeón de la obra pública en el Sur, el beneficiario de las obras y el que alquiló sin ocupar. Ya millonario también operó con la familia Kirchner compras y ventas de propiedades y terrenos que derivaron en otro hotel, Las Dunas, para seguir con la cadena que empezó a cortar la inesperada derrota de Scioli ante Macri. De esos dineros son los casi 4,6 millones de dólares encontrados en 2016 a la hija de Cristina en una caja de seguridad.

En su lugar en el mundo, Cristina ocultó por años la dirección legal de Hotesur. Declaró más domicilios truchos que Boudou. Cambió cuatro veces de sede: tres de ellas en Buenos Aires y la otra en Santa Cruz. Movilidad inmobiliaria para inmovilizar las notificaciones de los organismos de control. Y una foto de los manejos turbios y de la impunidad kirchnerista.

Dice Ercolini que la asociación ilícita en Hotesur funcionó “cuanto menos” entre el 8 de mayo de 2003 y el 14 de diciembre de 2016. Y dice que Máximo Kirchner formó parte de las maniobras “al menos” desde junio de 2005 a noviembre de 2015. No son fechas ociosas: abarcan todos los gobiernos del matrimonio Kirchner y a todo el núcleo familiar.

Cristina tiene un montón de causas pero tres son las que la arrinconan. Además de Hotesur, la de la obra vial en Santa Cruz, donde está procesada y embargada por más de 600 millones de dólares, la cantidad de fondos investigados y desviados a Báez y su empresa Austral Construcciones. La otra es Los Sauces, que lleva el nombre de uno más de los hoteles de los Kirchner aunque abarca 29 propiedades. El 86% de las facturas eran pagadas por Báez y el zar del juego Cristóbal López .

Ya no es curioso sino políticamente fantasioso cómo quiere dar vuelta la tortilla la oratoria cristinista. Dijo: “Además de estigmatizar a dirigentes opositores, en el medio los funcionarios judiciales se dedican a hacer negocios y extorsionar a la gente”. Blanca y radiante va la ex presidente.

Más: “Hay un sistema perverso, un manejo de jueces como nunca he visto”. Aunque parezca mentira, se refiere a este momento. No importan las razones como tampoco importan las pruebas. Trata de embarrar las causas , de hacer sospechosos a quienes investigan y de limpiar o tratar de limpiar a quienes son sospechosos.

 

Puede ocurrir que ya no llame mucho la atención lo mucho que se descorre y ventila casi diariamente sobre la corrupción en los tribunales, donde hay otra lista que solo se puede recordar entera leyéndola: la de los arrepentidos cercanos a Cristina. Ahí están Uberti y José López, el de los bolsos. Y Manzanares, su ex contador y Clarens, el financista. También ex secretarios privados. Cristina seguirá diciendo que la corrupción no existió. Y si existió, que ella, en tantos años, nunca tuvo nada que ver. Y no miren a Comodoro Py.

Fuente: Clarín

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